¿España es un Estado de derecho o de desecho?

Parece lo que parece, y lo que parece es tan simpático que ya no sabemos si tomarlo a cachondeo, como si la vida política fuera un eterno homenaje al sainete, o entrar en un permanente e insano estado de indignación. Pero lo cierto es que las noticias del abuso y el reabuso -y perdonen por el palabro- se acumulan en las esquinas de la información, y cada vez que parece imposible superar, por falta de vergüenza, una noticia de feos tintes, la siguiente consigue perder aún más vergüenza.


















