Conectados

En estos días de Mobile, con Barcelona en el foco mundial en avances tecnológicos, son muchos los foros donde se cuestiona la actual dependencia del ser humano a la conexión internáutica. Bauman dijo, en can Cuní, que cuanto más conectados estamos a las redes sociales, más soledad acumulamos, quizás porque la vida virtual no es vida sino su simulacro. Es cierto, además, que esa conexión virtual nos da una apariencia de relaciones sociales que disfraza la necesidad de tenerlas realmente, lo cual siempre resulta más difícil. Además, estamos más observados que nunca, porque internet ha significado un Gran Hermano que todo lo mira y nada olvida. Más solos, pues, a pesar de estar más juntos, y también más controlados justo cuando creíamos que éramos más libres. En sentido contrario, también es verdad que muchas personas solitarias, con dificultades para conseguir relacionarse, han alcanzado una cierta socialización gracias a las redes, aunque las personalidades más frágiles también están más expuestas. Es el eterno dilema entre la bondad y la maldad de cada nuevo paso tecnológico de la humanidad, porque todo avance implica, a su vez, algún tipo de retroceso. Nada es gratuito y mucho menos la civilización.


















