Con tanto ruido político es normal que algunas noticias pasen desapercibidas, a pesar de tener mucho calado. Es el caso que traigo a colación, cuyo enunciado parece menor, pero cuyas consecuencias pueden ser gravísimas. Se trata del proyecto de la futura ley de Montes que ha presentado el ministro Arias Cañete, cuyo artículo 50 prevé la posibilidad de "recalificar montes arrasados por el fuego". Y añade que en ese caso se adoptarán "las medidas compensatorias necesarias que permitan recuperar una superficie forestal equivalente a la quemada".
Mientras el papa Francisco marcha firme por los senderos de un camino nuevo, cuya mirada fija su atención en la pobreza y no en el boato curial, la heredera natural de Chávez en versión tanguera, Cristina de Kirchner, aprovecha la ocasión para volver a excederse en histrionismo. Uno se pone las sandalias del pescador, y la otra rellena con bótox su falta de sentido del ridículo. Y mientras Francisco demuestra una gran elegancia dedicando su primera audiencia a la presidenta que tanto lo ha criticado, la otra aprovecha para intentar crearle un problema diplomático que no es de su negociado. Que Kirchner hable de las Malvinas en su primera audiencia papal demuestra hasta qué punto esta presidenta ha perdido el sentido de la realidad. Como decía alguien de Arafat, tampoco ella "nunca pierde la oportunidad de perder todas las oportunidades". Tenía un momento de oro para demostrar sensibilidad con la pobreza ante un Papa que ha empezado su mandato hablando de ella, y más viniendo ambos de un continente y de un país con severos problemas sociales. Pero prefirió sus aires de nueva rica, sus donaires de presidenta y sus tics de conocida prepotencia. Y como si estuviera en Camp David, a punto de negociar el conflicto de Oriente Medio, se equivocó de lugar, de interlocutor y de tema, y encima aprovechó la rueda de prensa para vender el producto. Sinceramente, no se puede ser más vulgar.
No es la primera vez que hablo de la mirada tuerta, esa que practica determinada izquierda en función de si las víctimas son de su lado ideológico o del contrario, tras lo cual pierden la condición de víctimas. Hoy leo, por ejemplo, que Yoani Sánchez, la bloguera cubana que se ha jugado la vida defendiendo la libertad en Cuba, ha sido abucheada por militantes izquierdistas a su llegada a Brasil. Lo cual significa que una miserable dictadura es mala en función de si es de derechas o de izquierdas. Recuerdo que en un viaje a São Paulo no pude dar una conferencia en una universidad porque mi análisis sobre Oriente Medio no coincidía con la fe ideológica de los profesores que impartían. Y sumando, porque si aterrizamos en el delirante argumentario que recorre la espina dorsal del eje bolivariano, la conclusión es demoledora: ¡muera la inteligencia y viva el dogma!