Entre Sorayas; por Pilar Rahola

Ha vuelto el teatro al Congreso, si es que alguna vez se fue de vacaciones. Se abre la sesión, salen los actores a escena y el sainete se repite con cansina precisión. Esta vez son dos Sorayas, dos, las que protagonizan un diálogo con vocación de monólogo. Una, la de la rosa y los olvidados ERE, arremete contra la otra, la del albatros –que no gaviota– y el olvidado Bárcenas, y el ring se prepara para la pelea de barro. El libreto está escrito y no deja hueco a la sorpresa. Y así, siguiendo los pasos de una repetida danza, una le dice a la otra algo de sobresueldos, y la otra le dice a una que de sobresueldos sabe más ella, y el y tú más culmina su meteórica carrera hacia la nada.
¿De qué ha servido ese momento Sálvame en el Parlamento? Ha alimentado los egos de ambos egos, ha permitido que la claca perpetrara su aplauso y en las esquinas de la política la vergüenza ha hecho su agosto. Otra vez el vocerío de la indignación impostada, la ópera bufa de los simulacros y el vuelta a empezar de un debate parlamentario que no sirve para otra cosa que para el onanismo político.
Unos disfrutan diputeando, que es un gerundio extraño, y los otros, en la calle, se ahogan de hastío. De hastío y... de hambre. Pero en el Parlamento los dos partidos que están protagonizando, hoy mismo, los dos escándalos de corrupción más brutales de la democracia, se divierten como niños. Es un sainete, pero es una tragedia.
Hoy es 1 de mayo, día del trabajador en un país donde las cotas de paro son tan brutales e insolentes que dejan a España en el trasero de Europa. ¿Es de recibo que esas cifras tan hirientes no conmuevan a los dos grandes de la política, hasta el punto que sólo usan el paro para tirarse los trastos a la cabeza? Ellos dos, los dos partidos responsables de las malas políticas económicas, de la España de las vacas gordas y el dinero público tirado a borbotones, de las inversiones del rey sol en la tierra de las sombras, ellos dos, que protagonizan unos líos sucios y oscuros, con sobresueldos, obras públicas hinchadas, dinero para el paro distraído y un largo etcétera de espurios escándalos, ellos dos ¿no tienen un poco de vergüenza? Doña Soraya, la del albatros, que se indigna por lo que le atizan, que hace poco acusó a medio millón de parados de fraude; y la otra doña Soraya, la de la rosa, que va de indignada mientras en el sur socialista el paro ha sido la fuente de riqueza de cuatro listos, amigos de sus amigos.
Sinceramente, me abochorna porque el paro en España es una maldad inaceptable que envía a millones de personas a una vida trágica. Me abochorna porque estos dos que van de dignos no han sido capaces de aunar una sola ley para atajarlo. Sólo les interesan los votos que pueden arañar ensuciando al contrincante, encendiendo un ventilador que, en realidad, es un bumerán. Paul Newman dijo que actuar era como bajarse los pantalones, exponías tu intimidad. Y así es, en el Congreso actúan mucho.
Pilar Rahola | www.PilarRahola.com












