Mentiras

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Apuestas Deportivas

Lo peor no es la negación del debate por la vía de asegurar que la Constitución es una cárcel, que todos los pueblos tienen derechos menos el catalán y que la democracia es un chicle que mascan los que detentan el poder. Lo peor es que, mientras niegan el debate, la consulta y los derechos, proyectan misiles dialécticos contra el debate negado, de manera que dicen que no, pero se arman de artillería para explicar las maldades del sí. Es lo que hizo Rajoy en el Congreso, donde, después de atizarnos con las leyes y negarnos el pan y la sal, le dio por ofrecer una retahíla de argumentos en contra de la independencia harto surrealista. Al fin y al cabo, si dice por activa y por pasiva que no va a permitir la consulta, ¿para qué armarse de metralla? ¿Será que no es tan fácil negar la democracia a quienes piden ejercerla?

Será o no será, lo cierto es que son los que están más decididamente en contra de la consulta los que con más entusiasmo han iniciado el debate de las maldades -que nunca bondades- del hipotético Estado catalán. Una de ellas, la más sonora y audaz, asegura que Catalunya quedaría fuera de Europa y de la totalidad de estamentos internacionales, tanto en su versión galáctica, vagando por el espacio, como en versión aventurera-depresiva, perdidos en la isla de Robinson.

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Es decir que, o nos quedamos en España, o nos cae encima la marabunta. Y ello, que es un mantra repetido por tierra, mar y micrófono, lo aseguran quienes también aseguran que nanay de irnos a ninguna parte. Es decir, os quedáis sin consulta, sin derecho y sin Estado propio, pero, por si acaso soñarais con ello, sabed que estaríais en el vacío más absoluto. Lo dicen ministros, lo repiten líderes políticos y lo rematan los martillos de herejes de la opinión. Y, sin embargo, saben que mienten, tanto por puro sentido común como por la información que detentan. Ayer lo constató el CATN en un extenso informe, demostrando que no hay nada escrito estatutariamente en el tema europeo, que cualquier opción respecto a Catalunya se tomaría en función de los intereses económicos y políticos, que la última de las posibilidades es quedarnos fuera de la Unión Europea, porque sería la debacle para la propia Unión -y muy especialmente para España-, y que la probabilidad de resolverlo inmediatamente es la opción más plausible. Es decir, Catalunya se quedaría con toda probabilidad en la UE, asumiendo los deberes y gozando de los derechos.

Esta conclusión, fundamentada en un detallado argumentario, la dan por buena todos aquellos que quieren hablar seriamente del tema. Pero no se trata de la seriedad y, sobre todo, no se trata de la verdad. Incapaces de gestionar democráticamente la voluntad de votar de los catalanes, la estrategia es la intoxicación y el miedo. Y es que lo dijo alguien hace tiempo: mejor mentir, porque quien busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla.

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Pilar Rahola | www.PilarRahola.com