Carta al President

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Estimado president, nos ha engañado. A estas alturas la afirmación no es ninguna novedad, pero sigue siendo la misma bofetada seca que nos golpeó al saberlo. Y no hablo de la escandalera que han montado los sospechosos habituales, cocinando una gran olla con sus restos mientras invitan a las fiestas sociales a defraudadores de decenas de millones cuya españolidad está fuera de toda duda. En esta España de los Bárcenas, los Gürtels y los Eres, lo suyo podría parecer menor. Y es evidente que lo hincharán hasta convertirlo en un globo inmenso que animará durante semanas las portadas de los ínclitos de turno, no en balde es un manjar muy jugoso. Pero por malas intenciones que tengan los que nos aman poco y por mucho que otros hayan hecho cosas peores, nada suaviza la evidencia: usted nos ha engañado.

Y con el engaño y su persistencia, ha hecho tres veces daño al país que representaba.

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El primer daño fue al inicio, cuando decidió que podía ser, a la vez, president y defraudador de Hacienda. Es evidente que debe tener excusas guardadas en el bolsillo de la conciencia, y que después de la fechoría nunca encontró tiempo para enderezarlo. Pero no sirve, porque usted no era un empresario listillo de los que han abundado en nuestra burguesía, cuyo dinero ha viajado mucho. Usted quería ser el representante del pueblo catalán, y ello tenía un peaje que decidió no pagar. Hasta ahora pensábamos que era un padre con mala conciencia, que había dejado hacer a los hijos con desmesura. Y parece que ese cajón todavía no ha mostrado toda su pestilencia. Pero ahora sabemos que fue usted el primero que inició un camino que no se podía permitir. O ser president o ser defraudador, pero ambas cosas eran incompatibles.

El segundo perjuicio fue cuando durante años se envolvió con la bandera, haciendo creer que cualquier ataque a su persona lo era a Catalunya. Y es cierto que esta asimilación se hacía desde fuera, y que a menudo le atacaban por lo que representaba y no por lo que era. Pero también usted fomentó esta fusión y, mientras lo hacía, sabía que su mierdecita ensuciaba a todo el país. Sin embargo, durante décadas no le pareció que eso revistiera gravedad. Y ahora estamos aquí, justo en medio de una tormenta cósmica que, mostrando sus vergüenzas, desnuda a todo el país.

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El tercer daño fue cuando todo empezó a salir en El Mundo y nos volvió a engañar. Le recuerdo diciendo que todo era mentira, y su palabra, president, tenía valor para muchos. Podía haber hecho las cosas bien en aquel momento, pero decidió esperar tres años, tres años de mentir continuadamente. Y al final ha confesado a un mes de la Diada y a pocos meses de un reto histórico para Catalunya. No podía cerrar peor su carrera política. ¡Qué triste! Ahora sólo le queda dimitir de todos sus cargos. Y no tarde, porque ya ha hecho bastante daño tardando 34 años en hacer bien las cosas.

Carta de Pilar Rahola en La Vanguardia