¿Qué nos espera en 2017?

El futuro es por definición desconocido, pero hay períodos históricos en que la incertidumbre se acentúa. Ha habido épocas en las que los seres humanos no preveían grandes sorpresas para los años que tenían ante sí, sus instituciones lucían sólidas, sus creencias firmes, su interpretación de la realidad fiable y les era posible hacer planes con la certeza de que el entorno político, tecnológico, moral y económico en el que se movían iba a mantenerse razonablemente estable durante décadas. Así debía sentirse un egipcio durante el reinado de Ramsés II, un romano bajo el mandato de Tiberio, un francés en la etapa de madurez de Luis XIV o un británico en el apogeo victoriano. Para desgracia de los habitantes del planeta recalentado que se dispone a dejar atrás un turbulento 2016, los próximos trescientos sesenta y cinco días se prefiguran como igualmente imprevisibles. Ian Bremmer acuñó hace seis años un término felizmente descriptivo de un orden global caracterizado por la confusión: el G-cero, es decir, un mundo carente de estructuras supranacionales que proporcionen seguridad jurídica, política y financiera a nivel general y que eviten el caos, los conflictos incontrolados, los desastres ecológicos y que nos pongan a salvo del pánico.


















