Los herederos del Partido Comunista ganan las elecciones en Berlín
Treinta y siete años después de la caída del Muro, la izquierda heredera del Partido del Socialismo Democrático (PDS), la formación surgida de las cenizas del partido que gobernó la antigua Alemania comunista (RDA), ha ganado por primera vez unas elecciones en Berlín. Die Linke, con el 26% de los votos, según la primera proyección difundida por la televisión pública ZDF, se ha impuesto a la Unión Cristianodemócrata (CDU), que obtiene el 20%, y protagoniza un vuelco histórico que le da la iniciativa para encabezar las negociaciones destinadas a formar el próximo Gobierno de la capital alemana.
«A partir de hoy vamos a cambiar juntos nuestro Berlín y a convertirlo en un lugar mejor», proclamó Elif Eralp ante sus seguidores. «En nuestra ciudad, el amor y la justicia han vencido al odio, y esta señal sale al mundo». La candidata agradeció el apoyo de quienes han votado a Die Linke con la esperanza de conseguir «un Berlín mejor y asequible, donde todas las personas puedan vivir con dignidad».
Eralp es una jurista nacida en Múnich en 1981 durante la huida de sus padres de Turquía tras el golpe militar de 1980. Su padre era médico, anestesista, y su madre una activista feminista. La familia vivió después en Dortmund y Hamburgo, donde Eralp estudió Derecho, antes de que ella se trasladara en 2010 a Berlín y comenzara a trabajar como asesora jurídica del grupo parlamentario de Die Linke en el Bundestag. Entró en el partido en 2017 y desde 2021 es diputada en la Cámara de Representantes de Berlín.
Die Linke nació en 2007 de la fusión del Partido del Socialismo Democrático (PDS) —sucesor de la SED, el partido que gobernó la antigua Alemania comunista— y una formación occidental integrada fundamentalmente por disidentes de la izquierda socialdemócrata y sindical. La genealogía pesa, pero cada vez explica menos el Berlín que vota hoy.
En las elecciones de 2023 Die Linke obtuvo apenas el 12,2%; la CDU ganó con el 28,2%. Tres años después, la izquierda ha conseguido situarse como primera fuerza de la capital. La evolución es extraordinaria. Desde la reunificación, el PDS y después Die Linke nunca habían ganado unas elecciones en Berlín. Su mejor resultado hasta ahora había sido el 22,6% obtenido por el PDS en 2001. Entonces quedó por detrás del SPD y entró en el Gobierno como socio menor. Esta vez es Die Linke quien llega primero.
El partido ya encabezó un Gobierno regional en Turingia, también en el este de Alemania. Bodo Ramelow fue en 2014 el primer dirigente de Die Linke en convertirse en ministro-presidente de un estado federado y gobernó, con una breve interrupción, hasta 2024. Los casos son distintos: Ramelow llegó al poder al frente de una coalición con socialdemócratas y verdes sin que Die Linke hubiera sido la fuerza más votada. En Berlín, el partido parte ahora desde la primera posición.
Ganar, sin embargo, no significa gobernar automáticamente. Eralp no tendrá mayoría propia y necesitará al menos otros dos socios para entrar en el Ayuntamiento Rojo. La combinación más probable sería una coalición con los Verdes, que obtienen el 15%, y el Partido Socialdemócrata (SPD), que cae al 12%. Los tres partidos sumarían el 53% de los votos. Para los socialdemócratas, que durante décadas dominaron la política berlinesa, el resultado representa un verdadero varapalo: pierden 6,4 puntos y registran el peor resultado de su historia en unas elecciones a la Cámara de Representantes. Los Verdes retroceden también 3,4 puntos.
La primera posición de Die Linke tiene, en cualquier caso, una carga política e histórica difícil de ignorar: el partido que durante décadas quedó asociado en el Oeste a la herencia de la antigua Alemania comunista se ha impuesto por primera vez en la capital reunificada con una candidata de origen turco nacida en Alemania.
Berlín tampoco es una ciudad política homogénea. Es más bien un mosaico de ciudades superpuestas, de barrios que a veces parecen tener entre sí poco más en común que el nombre. Sus cerca de 3,9 millones de habitantes se reparten en doce distritos con identidades sociales, económicas y políticas muy distintas: del Kreuzberg multicultural y alternativo al acomodado Zehlendorf; del antiguo Berlín obrero de Wedding a los grandes barrios orientales de Marzahn o Lichtenberg. La división del Muro desapareció hace más de tres décadas, pero no todas sus fronteras electorales.
Y sobre ese viejo mapa Este-Oeste se ha superpuesto otro Berlín. El 42,7% de sus habitantes tiene hoy origen migratorio. En Mitte, el distrito central, la proporción roza ya el 60%. Cerca de uno de cada cuatro residentes es extranjero y la ciudad reúne ciudadanos de 194 nacionalidades. Sólo en 2025 obtuvieron la nacionalidad alemana más de 39.000 personas, un récord y casi un 80% más que el año anterior. Entre quienes tienen edad electoral, muchos han podido participar por primera vez en unas elecciones regionales. El electorado berlinés cambia al mismo tiempo que cambia la ciudad.
AfD arrasa en las elecciones regionales alemanas con un 44% de los votos













