Sánchez entre Escila y Caribdis

Un Gobierno cuyo partido tiene la cuarta parte de los escaños de la Cámara Baja y que se sostiene gracias al apoyo de grupos cuyo objetivo es liquidar el orden constitucional, acabar con España como Nación de ciudadanos libres e iguales y poner en solfa el marco conceptual y económico de la Unión Europea, no puede disfrutar, en principio, de un largo recorrido. Sin embargo, Pedro Sánchez espera realizar el milagro de durar hasta el final de la presente legislatura en junio de 2020. Su plan para conseguir tan difícil objetivo está a la vista: prodigar los gestos efectistas sin mayores consecuencias reales, entretener a los separatistas catalanes mediante concesiones que no alteren las bases del sistema político y halagos apaciguadores que calmen su agresividad, y mantener a su lado a Podemos estirando hasta el límite que tolere Bruselas el déficit y el endeudamiento para poner en marcha medidas “sociales” que permitan a las huestes de Pablo Iglesias apuntarse tantos frente a su parroquia. Como estrategia dadas las circunstancias no parece irracional y el Secretario General del PSOE está convencido de que le va a funcionar y de que le colocará en buena posición en el momento de llamar a las urnas dentro de veintiún meses. Además, la fragilidad del líder de la primera fuerza de la oposición por el procedimiento judicial en marcha sobre sus discutibles logros académicos dibuja un escenario también a su favor y, en caso de que el Tribunal Supremo decidiese imputarlo por los delitos señalados por la jueza de instrucción, el horizonte del actual inquilino de La Moncloa se despejaría considerablemente.


















