Una sentencia para la Historia

La Justicia escrita con mayúscula es ciega y su balanza y su espada simbolizan su búsqueda del equilibrio perfecto que debe caracterizar sus pronunciamientos y su voluntad implacable y serena de castigar el delito y a los que lo cometen. El proceso al “procés” ha quedado visto para sentencia y España, su futuro y es posible que hasta su misma existencia, se encuentran en las manos de siete magistrados que, paradójicamente, harán público después del verano un veredicto de enormes consecuencias políticas tras analizar los hechos de la causa con criterios estricta y objetivamente jurídicos ajenos a cualquier consideración de orden político. Es más, si los jueces que han escuchado pacientemente innumerables testimonios, examinado centenares de documentos y visto una larga serie de videos, se dejasen influenciar por factores ajenos a la reveladora realidad de los acontecimientos y los comportamientos que deben contrastar con lo previsto en el Código Penal, faltarían a su deber y pervertirían su trascendental función. En sus deliberaciones no deben olvidar en ningún momento que encarnan un poder del Estado independiente de los otros dos formales, Ejecutivo y Legislativo, y del informal que es la prensa.


















