Pedro Gila Sánchez, que se ponga el enemigo
Anda preocupado Gila Sánchez, porque no sabe quién es el enemigo, ni donde se encuentra…
Anda preocupado Gila Sánchez, porque no sabe quién es el enemigo, ni donde se encuentra…
“El pacifismo es un sueño noble, pero desgraciadamente por el momento un sueño que produce pesadillas”.
José Manuel Sánchez Ron*, diario ABC del 15 de marzo de 2025.
Llevo unos días depresivo, no sé si por el tiempo, que tan pronto llueve, como hace frío, o un calor excesivo para esta época del año, aunque presiento que es mi estado natural.
Uno de los mayores peligros para el hombre es él mismo, ya que creerse capaz de hacer aquello para lo que no está preparado, creerse lo que le susurran al oído halagadores interesados, no ser capaz de ver el desastre que se acerca y que puede acabar con él, y arrastrar a todos aquellos que de él dependen, son algunos de los efectos secundarios de esta medicina que practican muchos políticos locales, pero que desde Vox no se comparte. Ser capaz de ver el punto de no retorno antes de que éste llegue es esencial cuando alguien se enfrenta a un gran reto. ¡Cuántas veces es ésta la línea que separa lo honesto de lo deshonesto!, pero lo es aún más en la política, la que algunos llaman alta política, a la que muchos políticos del ámbito municipal se apuntan por ganancia personal sin importarles el ciudadano. Quiero reflexionar hoy, y lo hago siempre, sobre los que se acercan, voluntariamente, al mundo de la política: quién ha llegado, cuándo ha llegado, cómo ha llegado, de la mano de quién ha llegado, cuánto ha permanecido o aún permanece, qué ha dicho que iba a hacer y qué es lo que realmente ha hecho, a qué retos se ha enfrentado y cómo los ha superado o ha sucumbido él y nosotros bajo su peso. Algunas de las preguntas que debiéramos tener en cuenta al valorarlos y enjuiciarlos socialmente son: qué formación debieran tener los que llegan o cuál es la que han tenido los que ya han estado o están en primera línea, y qué les hemos pedido o exigido y qué les debemos pedir y exigir. Y una cosa respecto a este tema tengo muy clara: las gentes de Vox, tanto a nivel local, regional, nacional o europeo saben estar y saben dónde están.
En mis épocas de juventud, e incluso de madurez, he pertenecido a varias ONGs, a las que abonaba religiosamente las cuotas correspondientes.
Reclamar unanimidad en estos tiempos que corren, es poco menos que disparar con escopetas a cazas de guerra, y aparte de que no alcanzarás el objetivo principal, malgastarás recursos de manera innecesaria, ya que sólo te servirá para grabar en tu conciencia el recuerdo de que al menos lo has intentado, y eso es lo que sucede desde hace un tiempo con algunos asuntos del panorama político. Uno de esos temas es el de las agresiones sexuales y el castigo a los agresores, y entiendo que todos queremos evitarlas y que todos queremos que los agresores paguen unas penas severas. Pues bien, un tema que en un principio y sin profundizar, nos debió poner de acuerdo, se convirtió en el centro de la batalla política. Ante el desinterés general de la plebe, cansadísima de contemplar bochorno tras bochorno en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde el insulto y los malos modos ya se convirtieron hace mucho en costumbre, lo único que vimos fue una sucia guerra en la que todos participaron, pero el verdadero culpable de esa situación dantesca fue el Gobierno de Pedro Sánchez, que con las asquerosa ley del «solo sí es sí» dio rienda resulta a violadores, proxenetas y abusadores. El Gobierno se excusó en que los fallos de la citada ley fueron causa de las interpretaciones de los jueces... ¡Qué indecencia! Fue un tema para discernir entre la delgada línea que separa las consideraciones jurídicas de las políticas, puesto que la justicia está altamente politizada. A partir de ese momento lo que hemos ido viendo es la consecuencia de lo que provoca todo lo relacionado con el horrendo feminismo radical, y es que cuando en la nevera algo empieza a oler a podrido, esta izquierda y este feminismo radical no lo cogen y lo tiran, y así nos va.
Leo en los medios subvencionados del régimen sanchista, es decir, casi todos, “que gracias a los emigrantes ya hemos superado los 49 millones de españoles”.
Mentira.