Contemplar bochorno tras bochorno

Reclamar unanimidad en estos tiempos que corren, es poco menos que disparar con escopetas a cazas de guerra, y aparte de que no alcanzarás el objetivo principal, malgastarás recursos de manera innecesaria, ya que sólo te servirá para grabar en tu conciencia el recuerdo de que al menos lo has intentado, y eso es lo que sucede desde hace un tiempo con algunos asuntos del panorama político. Uno de esos temas es el de las agresiones sexuales y el castigo a los agresores, y entiendo que todos queremos evitarlas y que todos queremos que los agresores paguen unas penas severas. Pues bien, un tema que en un principio y sin profundizar, nos debió poner de acuerdo, se convirtió en el centro de la batalla política. Ante el desinterés general de la plebe, cansadísima de contemplar bochorno tras bochorno en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde el insulto y los malos modos ya se convirtieron hace mucho en costumbre, lo único que vimos fue una sucia guerra en la que todos participaron, pero el verdadero culpable de esa situación dantesca fue el Gobierno de Pedro Sánchez, que con las asquerosa ley del «solo sí es sí» dio rienda resulta a violadores, proxenetas y abusadores. El Gobierno se excusó en que los fallos de la citada ley fueron causa de las interpretaciones de los jueces... ¡Qué indecencia! Fue un tema para discernir entre la delgada línea que separa las consideraciones jurídicas de las políticas, puesto que la justicia está altamente politizada. A partir de ese momento lo que hemos ido viendo es la consecuencia de lo que provoca todo lo relacionado con el horrendo feminismo radical, y es que cuando en la nevera algo empieza a oler a podrido, esta izquierda y este feminismo radical no lo cogen y lo tiran, y así nos va.