Vox sabe estar y sabe dónde está

Uno de los mayores peligros para el hombre es él mismo, ya que creerse capaz de hacer aquello para lo que no está preparado, creerse lo que le susurran al oído halagadores interesados, no ser capaz de ver el desastre que se acerca y que puede acabar con él, y arrastrar a todos aquellos que de él dependen, son algunos de los efectos secundarios de esta medicina que practican muchos políticos locales, pero que desde Vox no se comparte. Ser capaz de ver el punto de no retorno antes de que éste llegue es esencial cuando alguien se enfrenta a un gran reto. ¡Cuántas veces es ésta la línea que separa lo honesto de lo deshonesto!, pero lo es aún más en la política, la que algunos llaman alta política, a la que muchos políticos del ámbito municipal se apuntan por ganancia personal sin importarles el ciudadano. Quiero reflexionar hoy, y lo hago siempre, sobre los que se acercan, voluntariamente, al mundo de la política: quién ha llegado, cuándo ha llegado, cómo ha llegado, de la mano de quién ha llegado, cuánto ha permanecido o aún permanece, qué ha dicho que iba a hacer y qué es lo que realmente ha hecho, a qué retos se ha enfrentado y cómo los ha superado o ha sucumbido él y nosotros bajo su peso. Algunas de las preguntas que debiéramos tener en cuenta al valorarlos y enjuiciarlos socialmente son: qué formación debieran tener los que llegan o cuál es la que han tenido los que ya han estado o están en primera línea, y qué les hemos pedido o exigido y qué les debemos pedir y exigir. Y una cosa respecto a este tema tengo muy clara: las gentes de Vox, tanto a nivel local, regional, nacional o europeo saben estar y saben dónde están.