Muy harto tienes que estar, querido Antonio, para romper tu silencio de años, de muchos años, para pronunciarte de nuevo, sin tapujos ni ambages, sobre la caótica situación española y los derroteros que ésta está tomando de forma inexorable si Dios, nuestro buen Dios, no lo remedia.
En los Goya de este año, y como manda la tradición, también se habló de muchas cosas y por supuesto algo del cine español. Las películas triunfadoras de este año han venido más recatadas y sin sexo ni mariconadas ni mamadas, son películas para todos los sexos, perdón, para todos los públicos, películas que ni siquiera parecen productos del cine español.
La libertad periodística es un bien preciado, pero no todos están dispuestos a luchar por ella, por tanto, también es un bien escaso. Los menos jóvenes recordarán una frase que "rodaba" en la época de la transición: "Prefiero morir de pie que vivir arrodillado". ¿Te acuerdas?, pero eso era otra época, ahora muchos prefieren vivir sentados y con subvención.
El poder no va a ser abandonado voluntariamente por la Corona, o por el Gobierno, o por los partidos o por la Banca. Las personas e instituciones que nos gobiernan tienen la firme intención de mantener las cosas como están. A estas alturas, a nadie puede quedar ya la esperanza de que estas estructuras de poder vayan a cambiar por sí solas, presionadas de forma misteriosa -casi esotérica- por la sola fuerza incontenible de la opinión pública, actuando en conjunción con una total falta de resultados económicos positivos o de signos de recuperación. Por el contrario, están resistiendo perfectamente los embates de los sectores descontentos, sin vislumbrarse perspectivas de cambio. Siguen gobernándonos de forma firme: imponiéndonos sus líneas políticas en línea recta y sin concesiones.
Hace dieciocho años que ETA asesinó alevosamente en San Sebastián a Gregorio Ordóñez, hombre entero, inteligente y valeroso, cuya desaparición prematura y trágica cambió sin duda la historia del País Vasco y, muy probablemente, la de España en su conjunto. Su hermana Consuelo, recordando aquellos sucesos desgarradores, afirmaba recientemente que no se sentía representada por el actual Partido Popular, ni por el vasco ni por el nacional, y que el PP de hoy no era el de su extinto hermano. El hecho de que su máximo responsable en Guipúzcoa haya afirmado que Bildu no es ETA y que estamos obligados a construir el futuro contando con los terroristas, ya lo dice todo y explica la profunda decepción expresada por Consuelo Ordóñez casi dos décadas después del martirio de Gregorio. Una desilusión similar fue la de José Antonio Ortega Lara, otro héroe de la libertad, que se dio de baja del PP cuando su dirección decidió prescindir de María San Gil, en cuyos brazos, por cierto, expiró Gregorio.