Es oficial: España es el país con más inmigrantes de toda Europa

España se ha convertido en el principal destino de la inmigración en la Unión Europea. Los últimos datos de Eurostat sitúan al país por delante de Alemania, Francia e Italia en número absoluto de llegadas y confirman el enorme peso que los movimientos migratorios están adquiriendo en el crecimiento demográfico español.

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España se ha consolidado como el principal receptor de inmigrantes de toda la Unión Europea, hasta el punto de registrar más llegadas que Francia y Alemania juntas, según los últimos datos disponibles de Eurostat.

Las cifras oficiales correspondientes a 2024 contabilizan 1.288.600 inmigrantes llegados a España, frente a los aproximadamente 1.078.500 de Alemania y 438.600 de Francia. Italia aparece a continuación con 451.600.

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Esto significa que España recibió por sí sola más personas que Francia y Alemania sumadas —alrededor de 1,52 millones entre ambos países— y se situó como el Estado miembro con mayor volumen absoluto de inmigración.

España, epicentro de la inmigración europea

Durante 2024, cerca de seis millones de personas inmigraron a algún país de la Unión Europea. De ellas, aproximadamente 4,2 millones procedían de países extracomunitarios y otros 1,5 millones se desplazaron de un Estado miembro a otro.

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España concentró alrededor del 23% del total de inmigrantes contabilizados por Eurostat si se incluyen conjuntamente los movimientos desde fuera de la UE y entre Estados miembros.

La proporción aumenta cuando se analiza específicamente la inmigración procedente de fuera de la Unión. Ya en 2023 España recibió aproximadamente un millón de inmigrantes extracomunitarios, el 24% de todas las llegadas desde terceros países registradas en la UE, por delante de Alemania, con 925.000.

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Los datos ponen de manifiesto un cambio relevante respecto a años anteriores. En 2023 Alemania todavía registraba ligeramente más inmigración total que España —1,271 millones frente a 1,250 millones—, pero un año después España pasó claramente al primer puesto europeo.

La inmigración impulsa el crecimiento demográfico español

El fenómeno está estrechamente relacionado con la evolución de la población. Mientras numerosos países europeos afrontan un crecimiento natural muy reducido o negativo, España continúa aumentando habitantes gracias fundamentalmente al saldo migratorio.

El propio INE reconoce el papel determinante que tendrá la inmigración en la evolución demográfica española. Sus últimas proyecciones, publicadas en junio de 2026, estiman que España podría ganar más de cuatro millones de habitantes durante los próximos 15 años si se mantienen las tendencias contempladas por el organismo.

Al mismo tiempo, la composición de la población experimentaría una transformación sustancial. Actualmente, alrededor del 79,8% de los residentes ha nacido en España. Bajo el escenario proyectado por el INE, ese porcentaje descendería hasta el 59,6% dentro de cincuenta años. El organismo recuerda, no obstante, que estas cifras son proyecciones y no predicciones.

Casi siete millones de extranjeros viven ya en España

El cambio también resulta visible al observar el número de residentes con nacionalidad extranjera.

A 1 de enero de 2025 vivían en España aproximadamente 6,9 millones de ciudadanos extranjeros, una de las cifras absolutas más elevadas de toda la Unión Europea. Alemania encabezaba este indicador con 12,4 millones, seguida de España y Francia, con unos 6,5 millones.

La situación española presenta además una elevada movilidad en ambas direcciones. España no solo fue el país que más inmigrantes recibió en 2024, sino también el que registró más emigrantes: unas 662.000 personas abandonaron el país, frente a 584.000 en Alemania y 263.000 en Francia.

Pese a ello, la diferencia entre entradas y salidas continúa dejando un saldo migratorio ampliamente positivo.

El gran desafío: vivienda, empleo y servicios públicos

El fuerte aumento de población abre un debate económico y político con dos dimensiones diferentes.

Por un lado, la inmigración incrementa la población en edad de trabajar, amplía el número potencial de cotizantes y permite cubrir determinados puestos de trabajo en una sociedad cada vez más envejecida.

Por otro, un crecimiento rápido de habitantes supone también una mayor demanda de vivienda, sanidad, educación, transporte e infraestructuras, especialmente en las grandes ciudades y territorios que concentran las llegadas.

Precisamente ahí se encuentra uno de los principales desafíos de los próximos años: determinar hasta qué punto la economía española y sus servicios públicos pueden adaptar su capacidad al ritmo al que está aumentando la población.

Los datos permiten constatar la magnitud del fenómeno, aunque sus efectos económicos y sociales dependen de factores como la edad, formación y situación laboral de quienes llegan, su distribución territorial, la creación de vivienda y empleo y la capacidad de las administraciones para ampliar los servicios.

Lo que ya reflejan las estadísticas europeas es un cambio de escala: España ha pasado a ocupar el primer puesto de la Unión Europea en número absoluto de inmigrantes recibidos y la inmigración se ha convertido en uno de los principales factores que explican su crecimiento demográfico.

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