Nuestro colaborador don Ramiro Grau Morancho publicó el 18 de febrero de 2011 en el diario digital Aragón Liberal un artículo que, debido a su innegable interés informativo, reproducimos íntegramente a continuación.
En un país como España, donde no estamos acostumbrados a dimisiones o abandonos políticos, el gesto de Albert Rivera, renunciado a su escaño y dejando la política, es algo digno de alabar, aunque también, no nos engañemos, algo esperado, después de los pésimos resultados electorales obtenidos. En esta vida, la valentía tiene premio y la cobardía un coste, aunque una u otra cosa, tarde en llegar. Albert Rivera y su organización han jugado a varias bandas, han creído que eso de considerarse de centro les daba impunidad para jugar con el elector, pactando con unos y otros, con principios y valores flexibles y moldeables ajustados a la necesidad coyuntural del momento. Esa indefinición, esos malabarismos, por mucho que se quieran disfrazar de moderación, acaban dejándote en evidencia. El centro es la excusa perfecta para decir una cosa y hacer la contraria.
No es la primera vez, y seguro que no será la última, que en este tipo de debates menciono al genial Quevedo y esa lapidaria frase suya de “Donde hay poca justicia es un peligro tener razón”.Don Francisco ya anunciaba lo que era la “Justicia” en España hace 400 años, de hecho, estoy convencido que Quevedo, por su patriotismo y manera de pensar, hoy estaría encarcelado (aún más de lo que lo fue en su día) en la España actual. Pero vayamos al triste presente democrático, al del llamado, eufemísticamente, Estado de Derecho. Podría estar todo el día citando casos donde la justicia (así, con minúsculas) en España demuestra que lo que más se aplica es la Ley del Embudo, estrecha, muy estrecha para unos, los patriotas, y ancha muy ancha para otros, la izquierda, separatistas y demás ideologías afines al sistema imperante. Así que sólo voy a mencionar algunos casos ocurridos esta semana y relacionados con la “violencia política”.
La moderna psicología evolutiva afirma que los humanos no tenemos alma, eso que Steven Pinker llama irónicamente the ghost in the house, “el fantasma en la casa”. Según su visión antropológica, ese ser que habita en nuestro interior, el sujeto de la célebre frase de Descartes, esa conciencia que identificamos como “yo” y que en el esquema hilemórfico es distinta de nuestro cuerpo material, es una pura ilusión cognitiva y la suposición de que es eterna e inmortal un cuento de hadas.
La calle en Cataluña ha sido protagonista por el caos, donde los independentistas, tanto radicales, como los pacifistas han derrotado el estado de derecho y al gobierno de Pedro Sánchez.
Las elecciones en España están muy bien representadas en La Cena de los Idiotas, una comedia del cine francés donde un grupo de ciudadanos invitan a unos idiotas para hacerles creer que van a ser protagonistas por un día pero en realidad solo pretenden reírse de ellos.
Cercana la Navidad, voy a dar unas pinceladas de lo que ha significado el cristianismo hasta nuestros días y en nuestros días, cuna cultural de la civilización occidental.