La Transición: excelente intención, pobres resultados

Cada 6 de Diciembre desde hace cuatro décadas con motivo de los festejos constitucionales se repite una reflexión colectiva sobre los logros de la Transición y su encarnación normativa, la Ley de leyes de 1978. Aunque los discursos oficiales son invariablemente laudatorios de nuestro ordenamiento básico y sus fundamentos conceptuales, políticos y morales, es imposible no advertir el lento, pero ininterrumpido, deterioro de nuestras instituciones y de la cohesión entre españoles, así como de la presencia y capacidad de acción del Estado en demasiadas partes del territorio nacional. En este cuadragésimo primer aniversario de la aprobación ampliamente mayoritaria en referéndum de la aún vigente Norma Suprema, una sensación descorazonadora, mezcla de desazón y de posibilidad real de fracaso, impregna el ánimo de nuestra sociedad, desde las elites más encumbradas hasta el más sencillo hombre de la calle, un desánimo profundamente arraigado fruto de una larga cadena de decepciones que han ido debilitando la fe en un proyecto que nació pleno de esperanza y de energía renovadora.


















