El que fuera Jefe del Estado español entre 1939 y 1975 murió en su lecho tras una larga, dolorosa y encarnizadamente prolongada agonía y lo hizo en posesión de todo su poder y en olor de multitud. La cola kilométrica que se formó en Madrid en sucesivos días para rendirle un póstumo homenaje reunió a decenas de miles de ciudadanos de toda suerte y condición que espontáneamente quisieron darle un último adiós. Su forma de gobierno fue evolucionando desde la implacablemente represiva dictadura militar de los primeros años que siguieron a su victoria en la Guerra Civil al autoritarismo de un abuelo severo y anciano del período crepuscular de su mandato.
Hubo un momento en España que todos defendían lo mismo, la libertad, la democracia y la Constitución, y todos tenían un solo enemigo, el franquismo. Fue una época maravillosa donde el ansia de libertad estaba por encima de las ideas políticas y por ello triunfó la transición. Hoy en día no tenemos libertades, todo prohibido; la democracia está controlada por los medios y respecto a la Constitución, nada se cumple.
Nos parece muy bien que exija a Torra que condene los actos terroristas de los radicales independentistas, pero no es menos cierto que él está ejerciendo una violencia jurídica con la Ley de la Menoría Histórica y el Decreto- Ley para la exhumación de Franco.
Si hay algo que tiene Pedro Sánchez y no ha tenido ningún otro presidente de España anteriormente, es las enormes ganas de volver al pasado en tan poco tiempo, en lugar mirar al presente y al futuro. Ejemplo de ello, son la exhumación del general Francisco Franco y el perdón al primero golpista y luego genocida Lluís Companys, unos actos históricos claramente guerracivilistas. Hechos que únicamente gustan a los progres y a los separatistas, algo que constatan encuestas a personas de diferentes ideologías. Pero es que aparte no son unas medidas prioritarias, pese a que algunos las vendan como tal. Las verdaderas preocupaciones de los españoles son el empleo, los separatismos, la sanidad, las pensiones, el estado de los funcionarios de prisiones, la equiparación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, defensa, entre otras cuestiones fundamentales que se deben abordar como merecen y no desviando la atención como hasta ahora.
Llevo décadas escribiendo artículos en los que afirmo que comunismo, socialismo, fascismo y nazismo tienen la misma etiología y el mismo momento histórico del que maman, la revolución bolchevique. Es decir, son la misma perra, o perro, pero con diferente collar. Los progres no lo quieren ver, o no lo pueden reconocer, pero es así. Personalizando, y ateniéndonos a que esas ideologías fueron en esencia lo mismo, se llega inmediatamente a la conclusión de que los dictadores Lenin, Stalin, Mussolini, Hitler, Mao, Ho Chi Min, Pol Pot, Franco, Kim II Sung, Tito, Mengistu, Castro y Chávez fueron dictadores socialistas, que es llegado a este punto cuando la progresía se revuelve como se revolvía Regan McNeal, la chica de El Exorcista, cuando los sacerdotes Merrin y Karras entraban en aquella habitación de Prospect Street, Washington. Metiendo a todos en el mismo saco, es preciso reconocer diferencias entre ellos; por ejemplo, mientras Mao se cargó solo en 1959 a 30 millones de chinos, Stalin a 4 millones de soviéticos solo entre 1932 y 1933 o Hitler a unos 15 millones en el Holocausto, Franco evitó que España cayera bajo una dictadura o bien marxista leninista, o bien nacional socialista, ya que en cualquiera de las dos podríamos haber caído. De hecho, el 18 de julio de 1936 en España ya no había democracia, pues esta había sido secuestrada en febrero de ese mismo año por el PSOE junto a otras malditas fuerzas políticas y sindicales. Había matanzas de civiles generalizadas por parte del Frente Popular y el líder del PSOE estaba decidido a llevar a cabo inminentemente lo que anunciaba desde hacía años: anular definitiva y violentamente la democracia e instaurar un régimen dictatorial como el de Stalin en la URSS.
Excuso decirles que la semana pasada sentí vergüenza, propia y ajena, de ser español, ante un gobierno que no quiso hacer que la calle fuera suya, en acertada expresión, en su día, de don Manuel Fraga, y prefirió dejarla en manos de los separatistas catalanes…