El comunismo es culpable de las mayores matanzas del planeta azul, también de miles de asesinatos en la historia de España, de ataques a la Iglesia Católica o de las famosas checas, donde se hicieron auténticas atrocidades. Sin embargo, resulta inaudito a la par que preocupante que en la actualidad se observe como la izquierda ha logrado blanquearlo en la nación, sobrepasando todos los límites racionales, llegando a usar métodos monstruosos como la manipulación de la historia o el control posesivo de diferentes medios de comunicación e instituciones públicas de todos los españoles, porque lógicamente era la única forma de llegar a las masas.
Es inexplicable, y en muchos casos, la función de los Servicios Sociales dedicados a la protección del menor cuando la realidad es la desprotección más absoluta. Además se perciben resoluciones rocambolescas e incomprensibles y, me atrevería a decir, anti natura. Parecen abocar a los menores al abismo, al pozo más profundo y sin la más mínima prevención de problemáticas llevan a la tragedia.
Don José Luis Ábalos Meco, ministro de fomento en funciones, y esperemos que por poco tiempo, es una clara demostración de que a un tonto le pones un buen traje, preferiblemente cortado a medida, y procuras que abra la boca lo menos posible…, y hasta puede pasar por listo.
El pasado viernes 14 de noviembre se hacía pública la sentencia por la muerte del activista falangista Víctor Laínez, la resolución judicial por lo que conocemos como el caso de los tirantes. Víctor Laínez fue asesinado la noche del 8 de diciembre de 2017 en Zaragoza. El infortunio quiso que el activista izquierdista Rodrigo Lanza, muy conocido en los ambientes por su extremada violencia y que había pasado cinco años en prisión por haber dejado tetrapléjico a un guarda urbano de Barcelona, se cruzara en su camino. Víctor Laínez, que lucía unos tirantes con la bandera de España, fue atacado por la espalda con un objeto contundente y las lesiones de la agresión le produjeron la muerte. El jurado popular ha determinado que la agresión no buscó intencionadamente acabar con la vida de Víctor. Poco importaban los antecedentes de Rodrigo Lanza, su agresividad y animadversión hacia todo lo que él considera facha, fascista o simplemente español, de nada sirvió que fuera atacado por la espalda y mucho menos la soledad de la víctima frente a los amigos que acompañaban al agresor, tampoco se tuvo en cuenta la diferencia de edad y la complexión del chileno Lanzas en comparación con Víctor. Lo que sí parece que ha tenido en cuenta el jurado popular, a tenor de la sentencia dictada, es la ideología de la víctima, lo que da a entender que matar a una persona cuya ideología está siendo cosificada por parte de todos aquellos que hacen llamamientos anti fascistas, de todos aquellos que minimizan las amenazas y las agresiones a determinados colectivos que piensan diferente a lo políticamente correcto, es un atenuante a la hora de enjuiciar los hechos. También debió influir el cambio de aspecto del anti sistema que se nos presentaba como una especie de niño bueno muy alejado de su anterior estética. Un jurado muy predispuesto a entender las motivaciones de la agresión y minimizando hasta la náusea la muerte de un buen hombre como era Víctor Laínez.
Cuando me incorporé a la fiscalía del tribunal superior de justicia de Aragón como fiscal sustituto, un ilustre fiscal, de los que nunca han sido jefes, pero que sí debieran haberlo sido, me dio dos consejos, que siempre me fueron de gran utilidad:
El separatismo es plenamente consciente de que la vía histórica de un gobierno socialcomunista encabezado por Pedro Sánchez no se conseguirá sin su apoyo. Tanto es así, que entre las condiciones a la hora de pactar han establecido forzar un traslado de la Jefatura de la Policía Nacional situada en la céntrica Vía Layetana de Barcelona. Una nueva vil humillación a los agentes del cuerpo, que junto a la Guardia Civil son los más valorados por el conjunto de los españoles.
Tristemente parece que ya no son tiempos en algunas universidades para respaldar a alumnos que encarnan el espíritu del "Club de los Poetas Muertos". Pero el aliento de Walt Whitman, camina imperturbable entre las aulas y sacude con fuerza al impasible "sistema" cada vez que se "duerme" dejando a la intemperie social a los alumnos que aún permanecen leales al cambio intelectual digno de su época.