El cisne negro que pudo ser blanco

Cuando escribo esta columna, el número de muertos por coronavirus en España ha llegado ya a los once mil, los infectados se acercan a los ciento veinte mil y las personas que han cesado en su empleo, bien por despido o por ser objeto de un ERTE, son más de novecientas mil. La catástrofe sanitaria, humana y económica va adquiriendo proporciones sobrecogedoras y es natural preguntarse si podía haber sido evitada y si, una vez iniciado el contagio en la ciudad china de Wuhan, sus efectos globales hubieran podido contenerse en mayor medida. En estos días trágicos, ha sido obligado recordar a Nassim Taleb y su célebre pentalogía Incerto, en particular su segundo libro, El cisne negro. Esta hoy popular expresión alude a un acontecimiento que es simultáneamente imprevisible y terrible. Se puede tratar de un magnicidio, de un terremoto, de un tsunami, de una pandemia, de un atentado terrorista o de la quiebra de un banco sistémico, cualquier suceso de consecuencias devastadoras de enorme alcance que nadie podía imaginar o conjurar.


















