Esclavos, mascotas y obreros

“El sueño de la razón produce monstruos”. Francisco de Goya.

“El sueño de la razón produce monstruos”. Francisco de Goya.
Son muchas las cosas que debemos replantearnos después del espectáculo al que estamos asistiendo desde hace ya demasiado tiempo. Hemos permanecidos como testigos mudos, sin inmutarnos y posiblemente hasta con miedo por temor a ser estigmatizados, si alguno de los dogmas de esta nueva moral que se nos ha impuesto, desagrada a los guardianes de lo políticamente correcto. Ese silencio cómplice, ese no levantar la voz a tiempo, ese temor a la estigmatización y a quedarse fuera del debate, nos ha conducido, nos ha traído hasta donde nos encontramos actualmente.

Sigue el teatro, el vodevil y Pablo Iglesias llora cuando un hombre sin ética ni escrúpulos se autoproclama Presidente de una Nación que quiere resquebrajar, fomentando más que nunca las dos Españas. Irene también llora, pero no se abrazan, son independientes. El Gordo de Navidad, Vicepresidencia y Ministerios habiendo perdido las elecciones.
Nuestro “amado líder”, que es un maestro de trileros, doctorado en estafas políticos –título verdadero, no como el otro-, ha pretendido engañar a su ahora aliado, y siempre enemigo, con los siguientes regalos:

Hace ochenta y cuatro años y mediante un pucherazo monumental llegó al poder en España un Gobierno socialista-comunista-separatista dispuesto a aplicar un proyecto radical basado en el odio de clase, la destrucción de la propiedad privada, el anticlericalismo feroz y la fragmentación de la Nación en pretendidas nacioncillas laminadoras de la pluralidad interna de las sociedades catalana y vasca. El resultado de esta operación de corte totalitario y antidemocrático es de sobras conocido, una cruel guerra civil que dejó el país arrasado y cuatro décadas de dictadura.

Esta es, la amenaza que Gabriel Rufián, en sede parlamentaria lanzó contra Pedro Sánchez.

Dejemos a un lado, ya hablaremos en otro momento de él y otros muchos como él, al llamado general Coll, perteneciente a esa cada vez más habitual hornada de militares que se dan cuenta lo mal que está España justo, qué casualidad, cuando pasan a la reserva o se retiran. Cuando tienen mando sobre tropas, cierto poder, influencia o ascendencia entre los compañeros, su obediencia y hasta su sumisión con los políticos de turno que les ascienden, no por méritos de guerra precisamente, es digna de mejor causa, hasta que llegan al final de su carrera, normalmente premiada con la más alta graduación militar, una suculenta pensión…y ¡hala!, entonces sí, a la política a decir lo que no decían unos años, meses, o días antes… y de paso se llevan otro sobresueldo para la buchaca.