El peligroso pintalabios

Nunca entenderé la patológica obsesión que tienen las religiones con la mujer. No fue menor en los tiempos más salvajes del cristianismo, ni tampoco en las ortodoxias judías y en el islam dicha obsesión llega al paroxismo. A pesar de que la mujer tiende a un nivel profundo de espiritualidad y su pulsión de creer es intensa, la mayoría de los dioses la han discriminado ferozmente. ¿Será porque la idea de Dios ha sido fabricada por hombres? Será, no en vano casi todas las divinidades -a excepción de los matriarcados antiguos- han sido el reflejo de las sociedades misóginas que las crearon. Y así nos ha ido a lo largo de los siglos. Nietzsche se preguntaba si era el hombre un fallo de Dios, o Dios un fallo del hombre, y es evidente que la pregunta continúa sin respuesta. Pero sean uno el fallo del otro y viceversa, lo cierto es que en esa ecuación la mujer ha sido el punto y aparte, y relegada secularmente ha conformado el sector social más maltratado por la historia. Por supuesto con los niveles de discriminación interactuando sin piedad: raza, pobreza, zonas, guerras... Pero siempre detrás y/o bajo el hombre.


















