El peligroso pintalabios

Nunca entenderé la patológica obsesión que tienen las religiones con la mujer. No fue menor en los tiempos más salvajes del cristianismo, ni tampoco en las ortodoxias judías y en el islam dicha obsesión llega al paroxismo. A pesar de que la mujer tiende a un nivel profundo de espiritualidad y su pulsión de creer es intensa, la mayoría de los dioses la han discriminado ferozmente. ¿Será porque la idea de Dios ha sido fabricada por hombres? Será, no en vano casi todas las divinidades -a excepción de los matriarcados antiguos- han sido el reflejo de las sociedades misóginas que las crearon. Y así nos ha ido a lo largo de los siglos. Nietzsche se preguntaba si era el hombre un fallo de Dios, o Dios un fallo del hombre, y es evidente que la pregunta continúa sin respuesta. Pero sean uno el fallo del otro y viceversa, lo cierto es que en esa ecuación la mujer ha sido el punto y aparte, y relegada secularmente ha conformado el sector social más maltratado por la historia. Por supuesto con los niveles de discriminación interactuando sin piedad: raza, pobreza, zonas, guerras... Pero siempre detrás y/o bajo el hombre.
A pesar de ello los dioses avanzan con sus sociedades y es cierto que la mayoría de religiones han ido conciliando los derechos femeninos al credo atávico, aunque tanto en el cristianismo como en el judaísmo quedan asignaturas por resolver. Ello, sin embargo, no se da en el islam que, lejos de avanzar hacia la igualdad, ha iniciado un terrible retroceso que, además, concilia la riqueza y la tecnología con la pura esclavitud femenina. El hecho de que muchos países musulmanes permitan casar a niñas de 9 años, o garanticen la mutilación genital en los hospitales, ya es una metáfora de esa locura. Pero además, todas las ideologías que nacen al albur del credo islámico retrotraen a la mujer a la condición feudal, y en las diversas revoluciones que se van produciendo, no hay buenas noticias para el sexo femenino. El último en mover pieza es Turquía, país que de forma lenta ha iniciado un viaje sin retorno al islamismo. Las noticias llegan a bandazos, algunas más preocupantes y otras más pintorescas, pero todas caminan hacia la segregación, de ahí la preocupación de muchas mujeres turcas, que ven peligrar seriamente el gran legado de Ataturk. Lo último es la prohibición de que las azafatas de Turkish Airways usen pintalabios y esmalte rojos, en línea con el discurso islamista, aunque, de momento, el intento de obligarlas a vestir con faldas hasta los tobillos se ha frenado. Pero tiempo al tiempo, porque el cuerpo de la mujer es una de las dianas contra las que los gurús del dios integrista lanzan sus flechas.
Siempre es lo mismo, el dominio de la mujer, su posesión, su anulación y con ella el atraso de las sociedades que las discriminan. Porque detrás de una mujer esclava no hay un dios protector, hay una sociedad enferma.
Pilar Rahola - www.PilarRahola.com












