El otro debate

Este 9 de Diciembre, Josep Cuní coordinó el debate de los candidatos catalanes en 8tv. Es decir, Catalunya volvió a ser el centro del debate político, como también lo fue el lunes en Atresmedia, pero con una gran diferencia: esta vez los catalanes estaremos. Y antes de que la tropa tuitera de Ciutadans ponga el grito en el cielo –tienen poco trabajo, porque se pasan el día mirando las musarañas–, es evidente lo evidente: en el otro debate había un catalán, como se dedicó a recordar el propio Rivera cada vez que decía "Viva España".
Sin embargo, no me refiero tanto al origen de los candidatos como a la mirada que proyectaban sobre nuestro país, y que fue foránea, agresiva, a menudo paternalista y siempre vigilante, como si fueran celadores del Santo Grial español ante los infieles. Catalunya fue tratada como un enfermo crónico lleno de virus insurgentes que había que eliminar, dicha la cosa con más o menos dureza según el producto. Con una excepción que es de nobleza subrayar: Pablo Iglesias fue la única nota discordante, el único que, antes de decir lo que se tiene que hacer con los catalanes, pedía que nos lo preguntaran. Es lo que pasa cuando las opciones que representan la mayoría absoluta del Parlamento catalán no tienen voz en un debate donde se habla de nosotros. Algo que sería tan brutal como hacer un debate en la televisión británica con Escocia de protagonista sin los representantes escoceses. Dicho en claro, un debate de estas características, donde catalanes y vascos no están, se carga de un vuelo el teórico espíritu constitucional que aseguran defender los de la sagrada unidad de España. Sobre todo si, además, se trata de debatir el modelo de Estado y el derecho de una nación a irse. Y los que quieren hacerlo, no están...
Reconozco que en algún momento resultó divertido. Por ejemplo cuando Soraya ponía cara de Rottenmeier y reñía a Pedro Sánchez porque mostraba alguna debilidad con el tema catalán, ay, que no serás buen patriota; o cuando la misma Soraya y Rivera hacían carreras dialécticas para demostrar quién era más español, español, español, no fuera que uno le picara a la otra la medalla de Isabel la Católica. Y en el córner, un Pedro Sánchez bastante despistado intentaba ser una especie de tercera vía que lo era tan poco que acababa pareciendo un simple pescado hervido. Catalunya, pues, en el escenario y en el guion, pero sin sus voces protagonistas. En este sentido el debate fue la metáfora de lo que pasa en la realidad: que deciden sobre nosotros, sin nosotros.
En Barcelona, tendremos segundo asalto roundy en este caso el coro catalán estará al completo: los que quieren irse, los que no quieren pero quieren preguntárnoslo, los que no quieren y dicen buscar alternativas y los que no quieren nada, ni que respiremos, no fuera que lo hiciéramos en catalán. Por una vez hablarán de Catalunya los que deben alzar la palabra.
>>>>> Pilar Rahola | Artículo publicado en La Vanguardia












