Cambio de jinete

La dimisión perfectamente preparada y ejecutada del Presidente de la Junta de Andalucía es un ejemplo de realismo político y de sometimiento del interés personal al interés de partido.

La dimisión perfectamente preparada y ejecutada del Presidente de la Junta de Andalucía es un ejemplo de realismo político y de sometimiento del interés personal al interés de partido.

Aquella no una guerra romántica, en el caso de que haya existido alguna vez alguna, aunque lo pareciera. El jovencísimo Capitán Patrick Leigh Fermor, del SOE (Special Operations Executive) de Su Majestad, llevaba un año viviendo en las montañas de Creta. El Ejército Británico Intentaba coordinar el esfuerzo bélico del caótico –pero tenaz- movimiento de resistencia cretense. Reclutados por los diversos servicios de Inteligencia del Imperio, oficiales británicos trataban de llevar el caos a la retaguardia del Eje en el Mediterráneo. Enamorados de la Grecia Clásica, provenientes directamente de los Colleges de Oxford y Cambridge o –simplemente- conocedores del mundo heleno por razones profesionales o familiares –muchas veces entusiástica y peligrosamente amateurs- estos jóvenes eran infiltrados en la Grecia ocupada para continuar la guerra contra alemanes, italianos y búlgaros.

La nación, según Ramón García Cotarelo y otros, "Introducción a la teoría del Estado", TEIDE, 1990, no tiene como fundamento necesario la existencia de un grupo étnico, tal y como queda demostrado en las Comunidades de las que estamos hablando en precedentes artículos. La nación no tiene que ver, desde una amplia perspectiva política e ideológica, con ningúna realidad natural o biológica. En un momento determinado de la Historia, la nación habrá de surgir en el marco europeo como una referencia ideológica básica para asegurar el funcionamiento del aparato estatal, aglutinando a los individuos que la integran en el espacio económico, social y político abarcado por el Estado.

Según D. Miller, Nacionalidad y pluralismo cultural, Paidos, 1995, si reunimos las distintas condiciones para una secesión justificada, veremos que el principio de autodeterminación nacional está muy muy lejos de dar licencia a un separatismo libre de hacer lo que quiera. Hay varios mecanismos mediante los cuales los grupos pueden alcanzar autonomía parcial dentro de un Estado territorial existente. La mejor solución, continua este autor, dependerá del carácter del grupo implicado y de su relación con el resto de la Comunidad, pero esencialmente lo que se necesita es un pacto constitucional, pacto que ya se dio cuando aprobamos por una gran mayoría la Constitución del 78, pues creaba una institución representativa para los pueblos en cuestión, si se pueden llamar así, asignándoseles poderes legislativos y ejecutivos sobre aquellas materias que son esenciales para su identidad y bienestar material. Un ejemplo actual de esto, afirma literalmente este autor, pueden ser las instituciones de gobierno establecidas en Cataluña y Vascongadas, que bajo la Constitución española tienen competencia en muchos asuntos de estas regiones, incluyendo la política ambiental, el bienestar social, la educación y los asuntos culturales.

Ser o no Ser no es sólo una buenísima película dirigida en 1.942 por Ernst Lubitsch. En esos cien minutos de ritmo ágil y de diálogos brillantes, Lubitsch nos demuestra lo bien que sabe contar una historia –una gran historia- y lo bien que sabe enmarcar, dentro de este magistral desarrollo narrativo, las excepcionales interpretaciones de todos –absolutamente todos- sus actores. Las obras maestras son siempre el resultado de una conjunción de factores: de un equilibrio positivo –a veces inestable- entre todos los elementos que concurren en la elaboración de una película. Ser o no Ser ofrece –en este sentido- una muestra prodigiosa de este difícil equilibrio aderezado –en todo momento- por el llamado toque Lubitsch. La firma indiscutible de un director magnífico.

En "Arzallus o la Reencarnación de Sabino Arana" en "El ocaso de los Falsarios", J. del Burgo, LAOOCONTE Editorial, 2000, se afirma por el autor que Sabino Arana, fundador del nacionalismo Vasco, a cuya memoria se dedican multitud de calles y plazas en Vascongadas, tenía una concepción política que hoy calificaríamos de xenófoba y racista sin ninguna discusión.

En 1998, un grupo de camaradas, bajo mi mando, entramos clandestinamente al Peñón, estudiamos la zona y el terreno y planeamos nuestra estrategia para la acción que pretendíamos llevar a cabo: Arriar la bandera pirata de La Roca e izar la bandera nacional española, la verdadera dueña de su soberanía, cedida cobardemente a raiz del ominoso Tratado de Utrech, hace casi 300 años.