Aprovechando el declive político, judicial y social que vive España, están surgiendo algunos movimientos ciudadanos con la intención de dar forma organizativa a sus planteamientos políticos. Quizá el mayor apoyo lo reciban por la última referencia mencionada; el declive social, que como ya apunté en 2009 vamos camino del mayor empobrecimiento –retroceso económico- de los españoles en los últimos 100 años. Sobre la degradación judicial y política, no hay problema, los españoles ya nos hemos acostumbrado poco a poco a convivir con ella.
Basado en Ramón Máiz, y varios, "Teoría Política: poder, moral, democracia", Alianza Editorial, Madrid, 2003.
Tanto Weber como Parsons introdujeron una muy influyente noción de legitimidad al hilo de la perspectiva teleológica del poder, ya sea individualista o sistémica fundamentalmente dependiente del "consentimiento" por parte de aquellos sobre los que es ejercido. Pero ambos desestiman la consideración no estratégica del acuerdo, esto es, su concepción no como un fin instrumental para otros fines, sino como fin en si mismo.; a saber: la formulación de una voluntad común orientada al entendimiento, un consenso básico en las reglas de juego alcanzado sin coacciones como marco del pluralismo, la diferencia y el conflicto. Ahora bien, la cuestión plantada por Habermas a estos efectos resulta especialmente pertinente: ¿cómo generar poder legítimo sin la producción del reconocimiento que brota de convicciones comunes mediante una comunicación libre de coacciones?.
Oriol Junqueras es un político serio y relevante, y su apoyo a la estabilidad del Govern es tan leal como necesario para el proceso que Catalunya ha emprendido. Pero cuando va a Bruselas e insinúa que puede parar al país durante una semana, saltan las alarmas. ¿Se ha vuelto antisistema, quiere cargarse la economía catalana, imita el estilo cupero?..., porque se trata de una propuesta más propia de Cañamero que de un partido central y centrado. Y si tal propuesta se hace en Bruselas, donde habría que ir a seducir a los europeos y no a asustarles, la cosa es más preocupante. Sin embargo, y conociendo a Junqueras, es probable que sea uno de esos símiles didácticos, propios de su talante académico, que no le ha salido bien. Y por sus matices posteriores, la cosa debe ir por aquí.
Ante la inminencia de la fijación por el Parlamento de Cataluña de la fecha y del texto de la pregunta que concreten la realización durante 2014 de la consulta inconstitucional e ilegal sobre autodeterminación de aquella Comunidad, el Gobierno de la Nación busca salidas que le eviten el amargo trago de ejercer su misión, que no es otra que hacer cumplir el ordenamiento vigente. En sus intentos de frenar la posible catástrofe, el equipo dirigente del Partido Popular mantiene frecuentes conversaciones con el líder vitalicio de Unió Democràtica, que no es partidario de la ruptura unilateral y propone una llamada tercera vía, intermedia según se dice, entre el actual marco de relación entre la Generalitat y el Estado y la secesión. Este camino capaz de sacarnos del atolladero podría consistir en la autorización del referendo por el Gobierno central acompañado de unas reglas claras en cuanto a participación exigida y procedimientos a aplicar una vez conocido el resultado, o bien en una nueva reforma estatutaria que de hecho transformase España en una confederación y Cataluña en una especie de estado libre asociado. Por desgracia, ninguna de las dos fórmulas es posible. La primera porque la mera celebración del referendo destruye el sujeto único de la soberanía nacional, que es el conjunto del pueblo español, y la segunda porque exige un cambio constitucional de tal envergadura que equivaldría a abrir un período constituyente, asimismo abocado en las presentes circunstancias políticas a la disolución de España como proyecto común.
La televisión TVV, Canal 9, Canal Nou, Canal Nuevo o Canal Nuez, como ustedes prefieran, va a cerrar. ¡¡Ya era hora!! Hace falta mucha higiene política en este país.
Según LIAH GREENFELD, "Nacionalismo, cinco vías hacía la modernidad", Centro de Estudios políticos y Constitucionales, Madrid, 2005,el nacionalismo no tiene que ver con la pertenencia a cualquier tipo de comunidad humana, sino únicamente con la relativa a las comunidades definidas como "naciones". La identidad nacional es diferente de las identidades que se definen sólo con criterios religiosos o de clase. Tampoco es sinónimo de una identidad exclusiva o principalmente lingüística o territorial, ni de ciertas clases de identidad política, ni siquiera de pertenecer a una identidad única, es decir, ser francés inglés o alemán, atributos todos ellos que suelen relacionarse con la identidad nacional. Esto refuta por tanto la idea de la existencia de los nacionalismos o localismos en España. Con frecuencia, una identidad única, que puede ser de índole religiosa o lingüística o territorial o política existe siglos antes de que se constituya la identidad nacional, lo cual no garantiza en modo alguno su aparición ni la anticipa; ese fue el caso de Francia y, en cierto modo, el de Alemania. En otros casos, el sentimiento de singularidad puede articularse al mismo tiempo que aparece la identidad nacional como ocurrió en Inglaterra y , de forma más inequívoca, en Rusia. La identidad nacional no es de carácter genérico sino específico. Puede que producir una identidad sea una necesidad psicológica, algo inherente a la naturaleza humana, pero producir una identidad nacional no lo es. Es muy importante, según este autor, tener en cuenta esta distinción.