El reciente fallecimiento del ilustre catedrático y abogado don José Bermejo Vera, profesor, compañero, amigo y Maestro, me animan a poner negro sobre blanco mis recuerdos, fruto de 45 años, exactos, de conocimiento mutuo.
Frente a la inmundicia mental de llamarme xenófobo, cuando considero fundamental para el desarrollo de España a la inmigración legal y solo la que necesitemos y nos convenga, racista, cuando tengo grandísimos amigos de todos los colores, homófobo, cuando me da exactamente igual lo que cada uno haga sexualmente siempre y cuando no adoctrine, y facha, cuando el fascismo fue un movimiento socialista y yo de eso tengo lo mismo que de cura; frente a todas esas etiquetas de la izquierda, califico a la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la violencia de Género como machista. La diferencia entre las calificaciones de la progresía y la mía es que yo aplico objetividad, mientras que los progres aplican ideología sectaria y manipuladora.
La nacionalidad suele ser motivo de orgullo porque define la identidad de las personas y hace derivar de ella los derechos de éstas. No quiere decir esto que antes del siglo XIX no hubiera identidades, sino que adoptaban formas muy distintas a las naciones que hoy conocemos. Y por supuesto desde siglos atrás existía la identidad española, fruto de la diversidad, el contagio, el préstamo y el mestizaje. Fruto de la Historia.
Me empiezo a repetir como el pepino, posiblemente por razones de edad, pero ya he dedicado varios artículos al tema de los abusos bancarios, las condenas en costas, la “industria del pleito”, etc.
Aunque todavía España sigue creciendo, ya no lo hace como en trimestres anteriores, porque la economía española empieza a tener nuevos síntomas de desaceleración económica, momentos previos a la gran crisis de 2020. Por ello, cada vez más gurús de la economía no dudan en alertar y recomendar la prevención. Sin embargo, en la nación se ha disparado el gasto público, sobre todo, aquel destinado a los 450.000 políticos (contando asesores) que hay en las instituciones públicas, porque incluso se han subido su sueldo algunos de ellos. Por lo tanto, la situación ciertamente preocupa a los inversores y de manera gradual a todos los españoles, que también notan la falta de empleo, la precariedad laboral, el incremento de la pobreza y la reducción del consumo, así como la parálisis legislativa en las dos principales cámaras parlamentarias del país desde el 28 de abril de 2019 y las altas posibilidades de unas nuevas Elecciones Generales en la nación.
Parece que hemos llegado al paso más difícil en el camino que, desgraciadamente separados, hemos emprendido los españoles para el fin del problema vasco: qué se va a hacer con los presos de ETA, si se van a trasladar a cárceles en vascongadas o no.
El cambio de orientación en la política municipal del ayuntamiento de Barcelona, que consistía en tolerar a los manteros, e incluso, porque no, alentarles a mantener una actividad a todas luces ilegal y perjudicial para el comercio local, es otro síntoma más de la decadencia ideológica de la izquierda europea.