Dos ideas perversas

El verano transcurre lento y tórrido entre alambicadas negociaciones para formar gobiernos autonómicos y declaraciones cruzadas entre el presidente en funciones y su socio preferente para no formar un gobierno nacional. Los titulares y los análisis de los columnistas serpentean entre trivialidades y lugares comunes sobre lo que puede suceder en una eventual segunda votación de investidura y los comentarios de los dirigentes de los demás partidos se refieren una y otra vez a los motivos por los que no van a apoyarla o se extienden en consideraciones destinadas a ocultar si la respaldarán o no. Mientras los representantes electos del buen pueblo español consumen sus días en perder el tiempo y el dinero del contribuyente, los problemas del país se agudizan, la deuda sigue creciendo, la guerra comercial entre China y Estados Unidos amenaza al mundo con una nueva recesión y las temperaturas alcanzan cotas inéditas. Nuestras élites políticas, económicas y periodísticas se agitan como partículas sometidas al movimiento browniano, siempre en la superficie de las cosas, dando por sentados conceptos absolutamente erróneos que jamás someten a revisión.


















