¡A quemar bosques!; por Pilar Rahola

Con tanto ruido político es normal que algunas noticias pasen desapercibidas, a pesar de tener mucho calado. Es el caso que traigo a colación, cuyo enunciado parece menor, pero cuyas consecuencias pueden ser gravísimas. Se trata del proyecto de la futura ley de Montes que ha presentado el ministro Arias Cañete, cuyo artículo 50 prevé la posibilidad de "recalificar montes arrasados por el fuego". Y añade que en ese caso se adoptarán "las medidas compensatorias necesarias que permitan recuperar una superficie forestal equivalente a la quemada".
Como nadie sabe qué significa eso de "superficie equivalente", ni dónde estaría, y lo de las "medidas compensatorias" es perfectamente descriptible, la noticia deriva en una conclusión gravísima: se abre la puerta a los incendios intencionados con fines lucrativos. Es decir, la práctica que arrasó una parte sustancial de los bosques en los setenta para dar cabida al boom inmobiliario parece tener retorno gracias al buen hacer del ministro.
Hasta ahora la legislación prohibía el cambio de uso de los espacios quemados en el plazo de 30 años, con el fin de regenerar la cubierta vegetal. Si el proyecto de Cañete se aprueba, esa protección básica, única para frenar la voracidad especulativa, desaparecerá, y entonces la pregunta es simple y trágica: ¿quién impedirá que se quemen bosques para recalificarlos? Sobre todo si recordamos el vergonzoso antecedente de Terra Mítica, felizmente asentada sobre 450 hectáreas de terreno no urbanizable de especial protección forestal.
Cuando se quemó en 1992 estaba previsto un gran parque forestal que debía ser un gran referente ecológico. El incendio fue brutal y duró muchos días, y explican las crónicas de la época que los bomberos detenían el fuego por un lado y nacían nuevos focos por otros bien distantes, hasta el punto de que se habló de "una campaña orquestada". La Marina Baixa pasó de tener un pulmón verde a tener un desierto de carbón negro y no se hizo ningún plan de reforestación posterior. Cuatro años después, con Zaplana de presidente, ¡tachán!, apareció Terra Mítica, que se benefició de la expropiación de los terrenos arrasados y así pudo construir la inmensa masa de cemento que cubre kilómetros de costa levantina. Y si el ejemplo de Terra Mítica es el más sonoro, muchos otros conformarían el retrato de la especulación salvaje después de incendios más que sospechosos. De ahí la ley que se aprobó en el 2003 para proteger los bosques de esa práctica salvaje. Y de ahí la alarma que esa protección mínima se levante ahora. ¿A quién puede beneficiar? Sin duda, a los mismos voraces especuladores que ya nos llevaron a la destrucción masiva del territorio y a la burbuja inmobiliaria. ¿Cómo evitaremos la quema de bosques intencionada? Es como si el PP, con esta ley, diera el bidón de gasolina a los pirómanos de la especulación. Trágico.












