Ya estamos en Navidad; paseando por la calle vemos a la gente más animada que de costumbre, alegre, sonriendo, como si de verdad fueran felices. Los escaparates, profundamente iluminados con infinidad de luces de colores, parece que sonríen a los incautos ciudadanos, ofreciéndoles mil y un productos perfectamente superfluos, absolutamente innecesarios. Las principales arterias ciudadanas se van iluminando poco a poco, con múltiples coloridos. ¡Ya estamos en Navidad! Todos se animan y empiezan a pensar en los días de vacación, como si el ocio, antítesis del trabajo, fuese la felicidad. Como si el trabajo, la “obra bien hecha”, que diría Eugenio D´Ors no fuese vocacionalmente la auténtica realización personal…