La pena de muerte debe volver a ser instaurada
En una nación como España, forjada en la grandeza de imperios que dominaron los mares y extendieron su influencia por el mundo, la corrupción no es solo un delito: es una traición suprema. Es el robo de lo más sagrado que poseemos como pueblo: la riqueza colectiva, el sudor de generaciones que han labrado esta tierra con honor y sacrificio.













