En estos días se siguen escuchando proclamas y reivindicaciones nazionalistas en Cataluña. Afirmaciones como la de que "Cataluña es de y para los catalanes". Y la pregunta inmediata que surge es "¿y quienes son exactamente los catalanes?"
Es un suma y sigue, verbigracia, tan seguido, que más que una carrera parece un atraganto. Y somos muchos los atragantados. El PP ha puesto la directa a sus reformas más vitriólicas y lo ha hecho a tal velocidad de crucero que aún estamos en pleno mareo, incapaces de saber a ciencia cierta la tierra que pisamos. Primero fue la ley Wert y su fulminante intención de acabar con algo tan sensible como el consenso lingüístico en Catalunya. Pero no sólo, porque la ley Wert es tan letal para los catalanes en la cuestión lingüística como lo es en general para la concepción de una escuela pública y de calidad. Clasista, errática, improvisada y supraideológica, la ley que no quiere nadie, fue impuesta a golpe de apisonadora absoluta, que es como el PP entiende la mayoría absoluta. Nadie a favor y ningún consenso, pero poco importó.
Al principio, el concepto de nación era despectivo: en Roma esa denominación se reservaba para grupos de forasteros de determinada región geográfica cuyo estatus era inferior al de los ciudadanos romanos. El concepto era similar al griego ta ethne, también utilizado para aludir a extranjeros y, en concreto, a infieles, y al hebreo amamim, referido a los no pertenecientes al pueblo elegido monoteísta.
Antes era sencillo escribir sobre la Navidad. Era sencillo escribir sobre personas –sobre las que estaban y sobre las que no estaban- reunidas alrededor del calor especial de estos días. Era sencillo escribir sobre esas profundas sensaciones que, a lo largo de los años, nos habían acompañado en Navidad. Era fácil escribir de aquellos tiempos pasados y felices y, más fácil aún, de aquellos tiempos pasados y muy tristes. Tanto unos como otros nos marcaron. Tanto unos como otros fueron amontonando tristezas y alegrías en nuestro particular cuarto trastero. El transcurso del tiempo no sólo nos había convertido en lo que somos: también nos había dado el bagaje suficiente como para poder escribir sobre estas cosas. Yo escribía sobre las Navidades que había tenido pero –tal vez con un sentimiento más sincero- escribía sobre aquellas Navidades que no había podido tener. Y así, año tras año, he ido concatenando artículos que hablaban sobre ello.
Una entrevista de seis páginas en el diario de mayor circulación de nuestro país es un esfuerzo muy de agradecer por parte de un Presidente de Gobierno más bien parco en sus comunicaciones a los medios y merece ser leída con toda atención porque permite conocer elementos interesantes de su pensamiento, sin duda determinantes a la hora de entender su política. Hay algunas de sus reflexiones y afirmaciones que resultan especialmente dignas de ser resaltadas desde esta perspectiva.
'Si todos nos barriéramos nuestra puerta, el mundo estaría más limpio'. (Madre Teresa de Calcuta, 1910-1997).
Los vecinos del precioso municipio de Sevilla la Nueva, en la Comunidad de Madrid, están de enhorabuena esta Navidad. Han sido tocados por la mano mágica y siempre caprichosa de la solidaridad. Una lluvia de cariño, empatía y amor incondicional que pretende llevar, hasta todos los hogares, la inigualable luz de la caridad. No hay mejor recompensa que la sonrisa sincera y sempiterna de los más pequeños.