Populismo

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Oriol Junqueras es un político serio y relevante, y su apoyo a la estabilidad del Govern es tan leal como necesario para el proceso que Catalunya ha emprendido. Pero cuando va a Bruselas e insinúa que puede parar al país durante una semana, saltan las alarmas. ¿Se ha vuelto antisistema, quiere cargarse la economía catalana, imita el estilo cupero?..., porque se trata de una propuesta más propia de Cañamero que de un partido central y centrado. Y si tal propuesta se hace en Bruselas, donde habría que ir a seducir a los europeos y no a asustarles, la cosa es más preocupante. Sin embargo, y conociendo a Junqueras, es probable que sea uno de esos símiles didácticos, propios de su talante académico, que no le ha salido bien. Y por sus matices posteriores, la cosa debe ir por aquí.

Sin embargo, es un síntoma del populismo que va filtrándose por las grietas del desencanto e impregna la gramática política.

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Afortunadamente, a diferencia de otros países, en Catalunya no cuaja un populismo de extrema derecha, pero cada día está más presente un populismo en el extremo izquierda que consigue estresar a todo el escenario. Y como el populismo se mueve entre el simplismo de los argumentos y el efectismo de las imágenes, todo el mundo queda impregnado. ICV comete errores -como rodear La Caixa- porque tiene el retrovisor puesto en la monja Forcades, ERC comete otros -como la propuesta de consulta ilegal-, porque lo tiene puesto en la CUP, y así, con la mirada del retrovisor, unos y otros pierden parte de su necesaria centralidad. No olvidemos que la verdadera fuerza del movimiento catalán no es la de disparar contra los empresarios, o insultar desde el Parlament como si fuera una barra de bar, sino la imagen educada y alegre de la Vía Catalana. Si el soberanismo se ha convertido en un movimiento transversal es porque se ha mostrado centrado, serio y tranquilo, y no ha sentido nostalgia de kale borroka.

Pero como este es un país que siente un amor especial por los iluminados, lleven hábito o blandan zapatos amenazadores, es posible que pongamos en peligro el arma más poderosa que tenemos: la tranquilidad del proceso emprendido. Y sería letal que los extremos del antisistema estiraran hacia posiciones insostenibles a los partidos del eje central, cuya importancia es primordial para conseguir los hitos propuestos. Tengamos, pues, cuidado, porque propuestas como las de Bruselas no ayudan a dar esta imagen de proceso serio y confiable. Una cosa es que el Parlament tenga sus extremos ideológicos, de Ciutadans a las CUP, y otro de muy diferente, es que todo el Parlament se extreme. Este sería el mejor aliado de los que quieren quebrar el proceso de la consulta: el radicalismo. Cuanto más radicales, menos confiables, menos serios, menos serenos y más vulnerables. La prueba es la alegría de algunos micrófonos cavernarios con el zapato...

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Pilar Rahola - www.PilarRahola.com