Deprisa

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Es un suma y sigue, verbigracia, tan seguido, que más que una carrera parece un atraganto. Y somos muchos los atragantados. El PP ha puesto la directa a sus reformas más vitriólicas y lo ha hecho a tal velocidad de crucero que aún estamos en pleno mareo, incapaces de saber a ciencia cierta la tierra que pisamos. Primero fue la ley Wert y su fulminante intención de acabar con algo tan sensible como el consenso lingüístico en Catalunya. Pero no sólo, porque la ley Wert es tan letal para los catalanes en la cuestión lingüística como lo es en general para la concepción de una escuela pública y de calidad. Clasista, errática, improvisada y supraideológica, la ley que no quiere nadie, fue impuesta a golpe de apisonadora absoluta, que es como el PP entiende la mayoría absoluta. Nadie a favor y ningún consenso, pero poco importó.

Después vino el ruido estridente del Ministerio del Interior en forma de una ley más propia de la autarquía que de la democracia. De la vieja patada en la puerta del famoso Corcuera, a la patada en la boca de esta ley, vamos perdiendo enteros en la cuenta de las libertades. Represiva, regresiva y democráticamente muy cuestionable, y nuevamente sin nadie a favor, pero tampoco esta vez importó. Y ahora, para mayor burla de la indignación pública, llega el tercer patadón con la brutal marcha atrás de la ley del aborto que quiere imponer maese Gallardón.

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Poco inquieta que sea una ley propia de la Irlanda ultracatólica, reaccionaria hasta límites impensables y nuevamente falta de cualquier tipo de apoyo. Nada importa. Si, además, sumamos otras leyes polémicas que el PP quiere imponer nuevamente con la apisonadora, falto de cualquier tipo de apoyo, léase por ejemplo la de las tasas judiciales o la de comercio interior, la lista es un auténtico agujero negro. Y tiene prisa, mucha prisa, como si no hubiera suficiente tiempo para retrotraer a España al tiempo de las cavernas. Lo peor no es lo que dichas leyes significan, a pesar de que cada una de ellas representa un retroceso severo de la calidad de la democracia española. Lo peor es la falta de sentido político, entendida la política como el arte de la negociación y el consenso. El PP no ha comprendido que cuanto más grande es la mayoría absoluta, más fuerte debe ser la voluntad de sumar sensibilidades y conseguir acuerdos. Sobre todo en materias tan delicadas. Muy al contrario, ha entrado en la educación, en el aborto, en el derecho a manifestación, en el derecho a la justicia y etcétera como un elefante en una cristalería, despreciando lo frágil, quebrando lo unido y arrasando con todo. Es un desastre completo, no sólo porque cada una de estas leyes es lo más retrógrado que se ha aprobado en democracia, sino porque la suma completa es un auténtico episodio negro. España camina hacia atrás y lo peor es que están felices de emular al cangrejo.

Pilar Rahola - www.PilarRahola.com

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