La historia de Juanjo Castell me emocionó desde el primer instante y me puse en su lugar y en el de sus hermanos. Tiene 39 años y desde los 15 sufre daño cerebral por un terrible accidente de moto. De geriátrico en geriátrico sufriendo vejaciones y maltrato que se añaden a su situación personal ya traumática.
Ya tenemos la maquinaria de marketing de Zarzuela a todo gas. Y es que, tras el tras el tardío y patético discurso de Felipe Uve Palito, nos les queda otra más que blanquear su deteriorada imagen.
Con motivo de la previsible crisis económica y social que seguirá a la pandemia de coronavirus y que afectará profundamente a varios Estados Miembros de la Unión Europea, España entre ellos, ha surgido la polémica sobre el nivel de solidaridad que debe existir entre los socios de la UE en estas dramáticas circunstancias. No estamos hablando de un problema baladí si se tiene en cuenta que el PIB español puede caer entre 2 y 5 puntos, según sea la severidad de la recesión que se nos viene encima, y requerir varios años antes de volver a la normalidad. En números redondos, nuestro país necesitará financiación adicional del orden de 200.000 millones de euros para sortear esta tragedia sin que se produzca un colapso fatal. En análoga situación se verán Italia y Francia, por citar otras dos grandes economías de la zona euro.
En toda esta crisis, en toda esta locura, en toda esta vorágine de muertos, enfermos, colapso y mísera, estamos olvidando a nuestros mayores, a nuestros ancianos, a nuestros padres y abuelos, a los que con su sacrifico y esfuerzo, hicieron de nosotros lo que somos. A ellos se lo debemos todo, incluso la vida. Se dice que, en momento de crisis, de tensión y de tragedia, en momentos de locura como los que estamos viviendo en la actualidad, se saca lo mejor de cada uno de nosotros. Muestras de solidaridad, de cariño, de sacrificio, de reconocimiento, en definitiva, de amor y comprensión, de ternura y de apoyo a los que más lo necesitan. Aplausos diarios a todo tipo de colectivos y organismos, y reconocimientos a la labor realizada por aquellos que están más expuestos.
El inhabilitado presidente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra, no deja su sectarismo ideológico ni con la pandemia del Covid-19, al negarse a una centralización para atajar esta grave crisis sanitaria sin precedentes, mientras el mundo intenta luchar unido frente a este terrible virus que está costando desgraciadamente muchas muertes y contagiados. Pero no es de extrañar, porque una minoría tiene un fuerte virus ideológico que les impide colaborar y les hace creerse que son un país sin serlo, ya que Cataluña al igual que el País Vasco y otras Comunidades Autónomas no son más que unas regiones españolas y por lo tanto dependen de la única nación que existe: España.
El título de este articulo no es nada duro, no, comparado a la irresponsabilidad y nula empatía de un Gobierno que muestra su psicopatía más que nunca. Permitió una manifestación de fanáticas, muchas en el Gobierno, para y a sabiendas extendería el coronavirus de forma alarmante. Y ahora deja que mueran sus mayores a partir de 65 años, al estilo del nazismo más genocida. Esos mismos mayores que usaron en campaña en manifestaciones, ahora les quitan respiradores y los sedan para que mueran y además solos y abandonados sin que nadie los defienda.