La palabra ‘pedante’ es habitualmente utilizada de forma negativa para señalar a aquella persona engreída que hace un excesivo alarde de erudición y/o sabiduría (la tenga o no).
Para muchos de nosotros todo era previsible en este Gobierno con tan acentuados rasgos psicopáticos. Vivimos una dictadura plena y no el Estado de alarma debido al Covid 19. Yo apoyo al coronel Diego Pérez de los Cobos, destituido por pérdida de confianza por un Ministro de Interior, Marlaska, en el que demasiados no creemos.
La prolongación del Estado de alarma no está justificada. El Gobierno socialcomunista de Sánchez e Iglesias pretende alargarlo el máximo posible para así, de esta manera, con la excusa de la pandemia, tenernos en arresto domiciliario de forma indefinida. El miedo es una herramienta poderosa, un arma que maneja de forma magistral la izquierda para alcanzar sus propósitos. El Gobierno de Sánchez niega la evidencia. Las palmas y los aplausos de las 8 de la tarde han dado paso a la ira y a la más que justificada indignación.
En España vivimos unos 47 millones de personas, según el Instituto nacional de estadística, aunque se calcula que hay dos o tres millones más de ilegales, irregulares, pateristas, refugiados políticos y económicos, sobre todo económicos, y más ahora que vamos a darle una paguita a todos los votantes de Unidas Podemos (¡qué buenos son, pero con nuestro dinero!), etc.
Según conclusiones de Francisco Reveles Vázquez, lejos de ser bien vista por los ciudadanos, la democracia es cuestionada por el comportamiento de quienes han accedido al poder gracias al voto mayoritario relativo, en contiendas mas o menos equitativas realizadas periódicamente. Lo peor sucede cuando el representante elegido se olvida de su programa de campaña e impone uno diferente o incluso hasta contradictorio como el de Pedro Sánchez (los mandatos por sorpresa, como diría Stokes, 2001). En muchos países como el nuestro, los gobernantes no han ganado legitimidad en el ejercicio del poder, dejando muchas asignaturas pendientes y muchos problemas sin resolver, como en el espacio latinoamericano, que Pedro Sánchez toma de ejemplo, donde varios de los gobiernos llamados democráticos por las izquierdas han hecho poco por superar las condiciones de marginación social de la mayoría de sus pobladores. El comportamiento de algunos incluso ha socavado las bases de la democracia, poniendo en duda su esencia como forma de gobierno en beneficio de la mayoría, a favor del pueblo. Lo que encontramos son nuevas élites políticas (como los sandinistas en Nicaragua o la familia Kirchner en Argentina), oligarquías partidistas (como la de tres partidos en México) o liderazgos personalistas (populistas y no populistas en América Latina, como Fujimori en Perú, Uribe en Colombia, Maduro en Venezuela o López Obrador en Mexico), que autoproclamándose representantes genuinos de los intereses del pueblo, no han hecho sino satisfacer intereses específicos, no han mejorado la condición de vida de los ciudadanos, ni tampoco prometen un futuro libre de inequidad social o de control político. Con ello se ha puesto en cuestión el hecho de que exista una auténtica representación política en la forma de gobierno democrático.
El Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se hunde por momentos ante el incremento incesante de las protestas democráticas contra su ejecutivo radical, ni la escandalosa manipulación del CIS puede tapar ya la realidad que atormenta a la élite que gobierna la nación. Por esta razón, se ha aumentado el control sobre los ciudadanos y se ha incrementado la represión sobre los derechos y libertades de aquellos que se manifiestan contra el socialcomunismo. Pero como si fuera poco, ‘cumfraude’ junto al Marqués de Galapagar han dado órdenes a los espías del Centro Nacional de Inteligencia de España para que funcionen como la KGB, obviando que deben defender los intereses del país o serán cómplices de la deriva chavista.
Creo que todos los que estamos activos en las redes sociales o escribimos artículos de opinión hemos sido víctimas alguna vez y sin darnos cuenta de la manipulación mediática al centrarnos en temas político sociales que han sido creados solo con la intencionalidad de desviar la atención sobre los verdaderos problemas importantes.