Muy harto tienes que estar, querido Antonio, para romper tu silencio de años, de muchos años, para pronunciarte de nuevo, sin tapujos ni ambages, sobre la caótica situación española y los derroteros que ésta está tomando de forma inexorable si Dios, nuestro buen Dios, no lo remedia.
En los Goya de este año, y como manda la tradición, también se habló de muchas cosas y por supuesto algo del cine español. Las películas triunfadoras de este año han venido más recatadas y sin sexo ni mariconadas ni mamadas, son películas para todos los sexos, perdón, para todos los públicos, películas que ni siquiera parecen productos del cine español.
Ni los más incondicionales defensores de los albores de la República podían soñar con un panorama más utópicamente tricolor en la tercera reinstauración borbónica de nuestra historia contemporánea. Si fueron necesarios sendos golpes directos a las estructuras de Estado para mandar al exilio a la Monarquía española durante dos siglos consecutivos, la Casa Real del nuevo milenio se tambalea víctima de sus propios excesos, condenada por la desconfianza generalizada de un pueblo que dejó de creer en cuentos de hadas y dinamitada sin contemplación, desde dentro, por un prole de falsos cortesanos que, cuan caballo de Troya desbocado, han acabado por hacerle el trabajo sucio a varias generaciones de nostálgicos republicanos.
La libertad periodística es un bien preciado, pero no todos están dispuestos a luchar por ella, por tanto, también es un bien escaso. Los menos jóvenes recordarán una frase que "rodaba" en la época de la transición: "Prefiero morir de pie que vivir arrodillado". ¿Te acuerdas?, pero eso era otra época, ahora muchos prefieren vivir sentados y con subvención.
El poder no va a ser abandonado voluntariamente por la Corona, o por el Gobierno, o por los partidos o por la Banca. Las personas e instituciones que nos gobiernan tienen la firme intención de mantener las cosas como están. A estas alturas, a nadie puede quedar ya la esperanza de que estas estructuras de poder vayan a cambiar por sí solas, presionadas de forma misteriosa -casi esotérica- por la sola fuerza incontenible de la opinión pública, actuando en conjunción con una total falta de resultados económicos positivos o de signos de recuperación. Por el contrario, están resistiendo perfectamente los embates de los sectores descontentos, sin vislumbrarse perspectivas de cambio. Siguen gobernándonos de forma firme: imponiéndonos sus líneas políticas en línea recta y sin concesiones.
Hace dieciocho años que ETA asesinó alevosamente en San Sebastián a Gregorio Ordóñez, hombre entero, inteligente y valeroso, cuya desaparición prematura y trágica cambió sin duda la historia del País Vasco y, muy probablemente, la de España en su conjunto. Su hermana Consuelo, recordando aquellos sucesos desgarradores, afirmaba recientemente que no se sentía representada por el actual Partido Popular, ni por el vasco ni por el nacional, y que el PP de hoy no era el de su extinto hermano. El hecho de que su máximo responsable en Guipúzcoa haya afirmado que Bildu no es ETA y que estamos obligados a construir el futuro contando con los terroristas, ya lo dice todo y explica la profunda decepción expresada por Consuelo Ordóñez casi dos décadas después del martirio de Gregorio. Una desilusión similar fue la de José Antonio Ortega Lara, otro héroe de la libertad, que se dio de baja del PP cuando su dirección decidió prescindir de María San Gil, en cuyos brazos, por cierto, expiró Gregorio.
Mediterráneo Digital es plenamente consciente del trascendental momento histórico que atravesamos, en una situación socio política marcada indudablemente por el contexto de crisis económicaque padecemos, y dinamitada desde todas las esferas por las crecientes tensiones de los nacionalismos periféricos en Cataluña, Vascongadas y Galicia. Somos una generación contemporánea que, por los designios del panorama nacional actual, está irremediablemente llamada a cambiar el devenir de nuestro trayecto en común. Nada volverá a ser igual después de esta devastadora gran crisis global.