El Jueves: cuestión de testosterona

La revista satírica El Jueves vuelve a rebasar todas las líneas rojas de la ética, el respeto y el más puro sentido común. Es evidente que lo hacen para provocar. Pero lo más triste es que se lo permiten.

La revista satírica El Jueves vuelve a rebasar todas las líneas rojas de la ética, el respeto y el más puro sentido común. Es evidente que lo hacen para provocar. Pero lo más triste es que se lo permiten.
Las subvenciones son el peor remedio económico que los políticos pueden dotar a un colectivo.
Las subvenciones deben de ser algo puntual y pasajero pero nunca un modus vivendi, si no se convierten inexorablemente con el tiempo en el germen de la esclavitud, la miseria y la pobreza.
La Unión Europea, por ejemplo, dota de subvenciones a colectivos que están en procesos de reordenación y adaptación pero siempre con una fecha de caducidad. Véase lo que pasó con España. Y por cierto, ¡¡caras nos están costando las subvenciones que recibimos!! Ya lo dice un proverbio chino, su un pueblo tiene hambre no le des pescados todos los días, dale una caña y enséñale a pescar.

Podemos ha colapsado cuando todo el mundo ha podido ver que eran el problema y no la solución. Hasta ellos parecen haberse percatado, y por eso hace tiempo que no dicen nada. Es lo mismo que le ha pasado a Ciudadanos con sus cursilerías regeneracionales. Siempre en tiempos de crisis aflora la demagogia populista pero la Historia nos ha enseñado que sus recetas sólo agravan los problemas; tal como el pus es lo que nos indica que hay infección pero no el medicamento que puede curarnos.

En octubre de 1939 se encontraba el Lehendakari Aguirre refugiado en París. El gobierno vasco en el exilio decidió recordar por todo lo alto el centenario de la primera ley abolitoria de los Fueros Vascos y entre otras acciones Aguirre redactó una carta abierta a Franco que la inició de la siguiente manera:
El título de esta columna no emplea la palabra "erupción" en el sentido volcánico, sino en el dermatológico. En efecto, Donald Trump, Marine Le Pen o Pablo Iglesias, al igual que otros muchos extremistas de izquierda o de derecha, tan distintos en sus planteamientos ideológicos y en sus propuestas programáticas, son sin excepción pústulas en la piel de las sociedades occidentales en las que han surgido y en las que han escalado rápidamente altos niveles de apoyo electoral. Su discurso está plagado de hipérboles forzadas, de simplificaciones reduccionistas y de recetas económicas o sociales absurdas, pero se basa en hechos incontestables y en críticas con frecuencia justificadas al señalar defectos de sus respectivos sistemas políticos, aunque las soluciones que propugnan sean aberrantes. Por tanto, no basta con descalificarlos mediante artillería de sal gruesa o ridiculizarlos de manera automática, hay que analizar las razones de su éxito y realizar un examen de conciencia profundo en relación al malestar de amplias capas de ciudadanos a ambos lados del Atlántico, que se traduce en votos para estos demagogos tan peligrosos para las libertades y la prosperidad de sus países como eficaces en sus estrategias de comunicación. La toma del poder por un monstruo psicopático en la Alemania de los años treinta del siglo pasado aupado por las urnas obedeció, entre otros motivos, a la falta de una correcta interpretación de los sentimientos, las aspiraciones y los agravios de la población de la gran nación derrotada en la Gran Guerra de 1914-1918 por parte de los propios demócratas alemanes y de los Gobiernos de las potencias victoriosas.

El silencio adquiere su mayor valor cuando se utiliza como instrumento de manipulación de la opinión pública. Esa es la noticia de la semana: una cortina de hierro se ha desplomado sobre el pueblo español, que en su mayoría, desconoce quién es George Soros y porqué le dedico mi tiempo.

A mí no me importaría votar el día de Navidad, porque siempre he pensado que es una cosa y lo mismo celebrar el Nacimiento que hundir a los socialistas en la miseria.