Aquel centenario de 1839

En octubre de 1939 se encontraba el Lehendakari Aguirre refugiado en París. El gobierno vasco en el exilio decidió recordar por todo lo alto el centenario de la primera ley abolitoria de los Fueros Vascos y entre otras acciones Aguirre redactó una carta abierta a Franco que la inició de la siguiente manera:
"Se confirman los Fueros de las Provincias Vascongadas y Navarra, sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía española".
Con esta fórmula de bondadosa apariencia fue abolida el 25 de octubre de 1839 la secular libertad de los vascos en sus regiones de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra. En nombre de una unidad constitucional extraña a los vascos, fue suprimida la independencia de la que los viejos escritos llamaron "tierra apartada".
Se consumó el despojo, aprovechando el cansancio producido por la derrota de una guerra larga, en la que el alma popular vasca luchó por la conservación de una libertad y de un patrimonio espiritual, contra los que adivinaba agresiones próximas por parte de la Monarquía liberal española de aquel entonces. La agresión la realizó un Parlamento que ninguna jurisdicción tenía sobre los vascos.
Desde los siglos medios en que el pueblo vasco aceptó mediante pactos solemnes como suya la Corona de España, jamás fue hasta aquella fecha alterada una libertad, basada en la unión personal que realizaba la Corona y en la independencia de las instituciones y de los pueblos respectivos.
Anticipándose al sistema imperial británico, la época de mayor grandeza peninsular, coincidió con el sistema basado en el conjunto libre de las nacionalidades, bajo un cetro que constituía su única ligazón. Los vascos libres contribuyeron libremente a esta grandeza, en multitud de páginas brillantes que la Historia registra, lo mismo en Europa que en América.
A partir del 25 de Octubre de 1839 la trayectoria histórica señalada se rompió bruscamente, al ser roto unilateralmente y por la fuerza un pacto respetado durante varios siglos.
El pueblo vasco ha vivido desde entonces en continua alteración y protesta que, según los tiempos, ha revestido forma distinta, sin variación en el fondo. Jamás dejó año tras año, de exteriorizarse la protesta solemne de los vascos. Sólo bajo una ocupación militar, los vascos han de guardar, en su patria, un silencio forzado.
"Las luchas armadas -incluso la última sostenida-, no han tenido por nuestra parte otra significación que la defensa de nuestra libertad. ¿Qué daño hicieron a nadie nuestras viejas instituciones nacionales y su pacífico desenvolvimiento para que contra ellas se concitara tanta injusticia y tanta aversión?". Hasta aquí la introducción de la carta abierta a Franco por parte del Lehendakari Aguirre.
Aquel hombre en el destierro, perdedor de una guerra, denunció aquella injusticia como lo había hecho en Trucíos, y clamaba por aquella infausta fecha que había quitado a los vascos, con hurto, engaño y traición su poder originario.
Iñaki Anasagasti. Publicado en El Blog de Iñaki Anasagasti












