Una contradicción insalvable

Se ha repetido hasta la saciedad que la política es el arte de lo posible y desde que Maquiavelo escribiera El Príncipe y Max WeberEl sabio y la política muchos gobernantes han actuado prescindiendo de su conciencia moral sintiéndose justificados por el hecho de que una cosa es el campo de la ética, con sus exigencias absolutas, y otra el del manejo de los asuntos públicos, donde el límite entre lo lícito y lo ilícito en ocasiones se hace borroso y el interés superior del Estado obliga a cometer determinadas atrocidades. La lista de crímenes perpetrados en nombre del interés general es interminable desde la Antigüedad hasta nuestros días. Por citar un ejemplo reciente, es posible que los que ordenaron el asesinato y posterior despiece de Jamal Khasshogi lo hicieran convencidos de que era un mal necesario para asegurar el futuro del reino saudí.


















