La verdad es que el circo Juana Rivas y su egocentrismo y manipulación cual capricho infantil para conseguir un fin, es cansino y asqueante hasta la saciedad. Y todo ello con la venia de un sistema político y abogados aunados a dicho engranaje, que conduce a que la justicia sea un cachondeo y a la desprotección sangrante, injusta e incomprensible en un sistema judicial del menor.
La unidad de España está hoy en más peligro que nunca. De hecho, lo está hoy más que ayer pero menos que mañana. Lo está por quiénes están en el gobierno y lo está por quiénes están en la oposición. Lo está por sus enemigos declarados y confesos, separatistas y otros enemigos seculares de España que están en su papel, y lo está por la inacción y la complicidad de quienes deberían defenderla.
Una de esas noticias infladas y sin importancia de estos días de relativas pocas noticias, habida cuenta del puente del 12 de octubre, que hemos tenido que soportar ha sido la visita que José Luis Rodríguez Zapatero le hizo a Otegi en su santuario de Txillarre (Elgoibar). En Gipuzkoa, además de Loiola y Arantzazu tenemos ahora un nuevo local de culto que debe ser Txillarre donde Otegi y Egiguren, al parecer, planificaron la desaparición de ETA y marcaron las vías y líneas maestras por donde transcurrirá nuestro futuro.
Si el siglo XX lo define la historia como el siglo de la revolución industrial, el siglo XXI pasará a los anales de la historia como el siglo de las comunicaciones en su más amplio espectro de su significado: comunicaciones digitales, terrestres, aéreas y de la información.
La ciencia médica distingue cuatro partes a la hora de tratar una patología: la etiología u origen y causas de la enfermedad, el diagnóstico de la misma, el pronóstico sobre su futura evolución y la terapia a aplicar para superarla. Este mismo esquema conceptual se puede aplicar al profundo mal que hoy aqueja a Cataluña y por extensión al conjunto de España, a saber, la práctica inexistencia del Estado en esa Comunidad, sometida a los vaivenes de un separatismo golpista que desprecia la ley, divide a la sociedad y la arrastra a la ruina económica. Muchas veces se ha recordado, cuando se produce en un país un desastre de gran magnitud, que ha sido fruto de un largo proceso, la frase que uno de los protagonistas de la extraordinaria novela de Mario Vargas Llosa Conversación en la catedralpronuncia angustiado: “¿En qué momento se j…ió el Perú?”. Un interrogante análogo resulta pertinente en relación al malhadado procés, cuando todo indica que se encuentra prácticamente fuera de control. Es decir, sin negar la relevancia de acertar en el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento adecuado, y poniendo las cosas en su orden lógico, parece interesante elucidar el desarrollo de semejante delirio colectivo y comprender los factores que lo han generado, mantenido y exacerbado durante cuatro décadas hasta la destructiva eclosión presente. Este ejercicio es pertinente sobre todo para identificar a los responsables, para poner rostro, nombre y apellidos a aquellos que, debido a sus decisiones, sus estrategias, sus tácticas, sus acciones o sus omisiones, deben responder por los tremendos errores que nos han traído hasta aquí.
Una regla de oro del periodismo es contrastar las noticias, oyendo a las partes en conflicto, e intentando buscar un término medio, lo más objetivo posible.
El actual inquilino de La Moncloa, en su caso más bien okupa, pronto se irá a su chalet de lujo, faltaría más, como buen socialisto (no es un error) que es.