La hija de la etarra

La etarra a la que han permitido salir de la cárcel para cuidar a su hija de tres años, a la que su padre etíope apuñaló y que salvó la vida de milagro.

La etarra a la que han permitido salir de la cárcel para cuidar a su hija de tres años, a la que su padre etíope apuñaló y que salvó la vida de milagro.

La campaña de Hazte Oír de oposición a ley madrileña contra la LGTBI-fobia y la discriminación por razón de orientación sexual ha estallado en escándalo cuando ha pasado de las declaraciones en los medios, las ruedas de prensa y las protestas en las escuelas a su materialización en forma de autobús. Es como si la aparición del pensamiento clásico sobre la diferenciación sexual en forma de enorme vehículo sobre ruedas hubiera hecho saltar un resorte que ha dado suelta a una hostilidad inusitada por parte del establishment político y las asociaciones de gays, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales.

Resulta que estamos pasando en España un periodo, y espero que breve, de cobardes e hipócritas. Son los mansos borregos que pueblan España, unos buenistas que aceptan en público lo que no tolerarían en privado, y ahí estamos, defendiendo por ejemplo hasta la transexualidad de los niños.

Por suerte para la estabilidad social y política de España, Felipe VI está demostrando unas excelentes dotes para administrar un patrimonio intangible acumulado por los siglos que ya no procede de la gracia del Altísimo, sino que se sustenta en que decenas de millones de hombres y mujeres que le consideran un ser puramente humano.

Ni los que más le odian son capaces de imaginar lo que este hombre puede dar de sí; ni a los más enfadados por su actuación política les podría caber en la cabeza lo que están a punto de contemplar.

Hay una España truculenta, resentida y vengativa; una España Puerto Hurraco, supersticiosa y negra, con el tic de la hoguera. Es la España que corre a insultar al criminal a la salida del juzgado y luego no se pierde ninguna revista o programa que haga de su crimen un espectáculo.

Hay dos tipos de personas y "personos", los que creen en la Justicia y los que no creen en la Justicia, es decir, los que nunca han tenido ningún roce con la Justicia y los que alguna vez la Justicia se les ha cruzado en sus vidas. Si alguna vez has tenido algún roce con la Justicia, es imposible que tengas confianza, sobre todo en la Justicia española.