
A la empresa Desokupa ya le han dicho que es de extrema derecha por defender la propiedad privada. Hasta aquí hemos llegado: que se te metan en casa, que no puedas hacer nada para echarles y que quien te ayuda a encontrar la solución sea un facha.

La Constitución de 1978 configura un modelo de Estado y una estructura institucional para hacerlo funcionar. Esta arquitectura fue el producto del pacto de la Transición, logro histórico muy celebrado dentro y fuera de España y propuesto como referencia y ejemplo de decantación ordenada, legal y pacífica de una dictadura en una democracia. Se ha repetido hasta la saciedad que la gran virtud de aquel acuerdo trascendental fue su carácter integrador, de tal forma que ninguna de las partes que participaron en su gestación vio completamente satisfechas ni totalmente rechazadas sus aspiraciones. Todo el mundo cedió y así se pudo conseguir el que se considera por la inmensa mayoría de la gente informada satisfactorio resultado final. Su principal protagonista fue enterrado con honores de Estado y da nombre al aeropuerto emblemático de nuestro país. Hasta aquí el relato oficial de una historia de éxito que, según se insiste machaconamente, nos ha dado el más largo período de paz civil, prosperidad y progreso desde las guerras napoleónicas y hacia la que volvemos nuestra mirada nostálgica cuando nos agobian las dificultades o los conflictos en busca de inspiración.

La homosexualidad existe de manera natural en todas las sociedades desde la noche de los tiempos. Tiene un fuerte componente biológico, por lo que decir que es una "opción" no tiene ningún sentido. Nadie es homosexual de manera voluntaria del mismo modo que los heterosexuales tampoco. La homosexualidad es la excepción que confirma la norma heterosexual de la sociedad: es minoritaria y siempre está allí.

García Margallo, gran bocazas del régimen, es un tipo muy poco recomendable, es más bien, un gran indeseable. Antinacionalista furibundo, militante y beligerante, hace todo lo posible por malograr cualquier reconocimiento de los hechos diferenciales del estado, eso sí, todo envuelto en una retórica de falsa comprensión y de contarnos que estudió en los jesuitas de San Sebastián, en Deusto en Bilbao, pero sobre todo en Harvard, dicha esta palabra con acento bostoniano. Haaaarvard.

La condición esencial para que dos seres racionales puedan comunicarse es que compartan un sistema de conceptos que les resulten mutuamente inteligibles. Si un grupo de extraterrestres llegara a la Tierra y su idea de lo que es la vida, la muerte, la bondad, la belleza, el amor o el odio no se correspondiera con lo que los humanos entendemos cuando pronunciamos estas palabras, el diálogo entre nuestra especie y la suya sería imposible y ello probablemente daría lugar a terribles consecuencias, sobre todo si su capacidad de destrucción fuese muy superior a la nuestra. A veces en el debate político español se produce un fenómeno semejante porque los mismos vocablos, utilizados por unos o por otros, aparecen con significados no ya distintos, sino mutuamente impermeables.

El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha dicho que el sur gasta en copas y mujeres y que la solidaridad tiene que ir de la mano de la responsabilidad y de los compromisos. El eurodiputado catalán de Los Verdes, Ernest Urtasun, muy guapo pero muy tonto, le ha exigido que se disculpe, a lo que Dijsselbloem naturalmente se ha negado.