Es de sobra conocido que para entrar en el juego de los idiotas es necesario bajar a su nivel para que te entiendan y entonces estás jodido porque te ganarán ya que a ese nivel saben más que tú. Llevan toda la vida practicando.
En mi opinión, la defensa a ultranza de la unidad de España –en este año difícil y convulso de 2.017- esconde graves peligros de naturaleza moral. Unos peligros que, conectados de forma íntima y estrecha con nuestra manera de entender el nacionalsindicalismo, pueden hacernos incurrir en un dilema ético y en una contradicción intolerable.
Para los separatistas catalanes su territorio no se limita a Cataluña, sino que se extiende a la Comunidad valenciana, la zonas limítrofe de Aragón (lo que llaman "La franja de Ponent") y las Islas Baleares en lo que se refiere al territorio español. Andorra por supuesto, la comarca francesa del Rosellón, que hoy forma casi en su totalidad el Departamento de los Pirineos Orientales, y la ciudad italiana de Alguer en la isla de Cerdeña. Todo eso sería lo que los imperialistas catalanes llaman "Països Catalans". Un Estado reivindicado desde un sentido étnico incluso por la extrema izquierda más globalista. Paradójico.
Este proceso sólo me ha costado un amigo pero hace días que me cuesta mantener conversaciones tranquilas sobre lo que está sucediendo porque la Ley en Cataluña no tiene ningún prestigio, la idea de que no puede haber democracia sin amparo legal ha perdido cualquier batalla mediática y el independentismo cree que toda oposición a su voluntad es fascismo.
Feliz 20 de septiembre y bienvenidos al otoño caliente. Hoy os quiero hablar de la importancia del punto crítico en la eyaculación, en la proximidad de un agujero negro, al traspasar la verticalidad de un edificio, en el derrumbe de un país, etc. También conocido como el punto de no retorno.
Uno de los cánticos que con más energía vociferó la turba concentrada ante el departamento de Economía fue el de «sin pistolas no sois nada», cariñosamente dirigido a los agentes de la Guardia Civil que acudieron a practicar los registros ordenados por el juzgado número 13 de Barcelona.
Señora Ada Colau, me dirijo a usted en primer lugar como un barcelonés más, pero también como un ciudadano crítico, que actualmente ve un modelo de ciudad muy equivocado y distanciado de lo que debería ser lo políticamente correcto.