Rufíán y Amancio

Al diputado Gabriel Rufián le ha pasado que tras haber criticado a Amancio Ortega y su método de trabajo, le han pillado vistiendo un abrigo de Zara y las burlas han sido épicas.

Al diputado Gabriel Rufián le ha pasado que tras haber criticado a Amancio Ortega y su método de trabajo, le han pillado vistiendo un abrigo de Zara y las burlas han sido épicas.

Un juez del Tribunal Supremo ha dicho que la violencia de género depende de la maldad intrínseca de las personas y que si las mujeres fueran las fuertes, este tipo de violencia se ejercería al revés.

El buenismo es en sí mismo un atentado, el peor atentado. No podemos evitar que haya mal en la Tierra, y que quiera hacernos daño. Pero si en lugar de identificarlo y de defendernos optamos por negarlo, y por escondernos en el igualitarismo atroz, cuando nos maten se podrá decir que fue un suicidio, porque fuimos nosotros quienes voluntariamente cavamos la fosa y nos pusimos la soga en el cuello.

El referente de la CUP fue la izquierda abertzale pero se han vuelto incluso más brutos que ellos. Como dice un destacado líder de Esquerra, «ahora que Otegui se ha vuelto socialdemócrata, la CUP se ha hecho de La Polla Records». De hecho, tanto Arnaldo Otegui como Pernando Barrena intentaron convencerles de que invistieran a Mas y posteriormente de que aprobaran los presupuestos.

Hay una arrogancia en los hijos que consiste en querer enmendar a los padres. ¿Es sólo arrogancia? No. Es arrogancia y algo más. Normalmente es arrogancia y no saber qué hacer de sus vidas que no sea quejarse. Quejarse por quejarse. Enmendar sin plantear una solución.

Junto con los columnistas de la derechita cool están los columnistas Puerto Hurraco, escépticos, agoreros y que creen que el mérito de su inteligencia es que acabemos todos tan tristes como ellos.

Como veo que Franco sigue siendo la única y auténtica pasión de la izquierda española, vuelvo a su recuerdo porque ante el sentido de dolor que han expresado por la muerte de Fidel Castro personajes tan antifranquistas como Joan Tardà o Pablo Iglesias, y sus respectivos partidos, es dulce y tierno hacerse la pregunta de si nos habría ido mejor con el Comandante de lo que nos fue con el Caudillo.