Profanan más de 500 tumbas en el cementerio de Zaragoza
Lo que comenzó como un misterioso acto de vandalismo en el cementerio de Torrero, en Zaragoza, ha acabado convirtiéndose en uno de los casos más macabros y absurdos del año.
La Policía Nacional ha confirmado que los profanadores de más de 500 nichos actuaron con un único objetivo: robar las piezas metálicas de los ataúdes para venderlas como chatarra.
El resultado: 507 sepulturas profanadas, decenas de familias destrozadas… y un botín ridículo de apenas 3.000 euros, obtenido en una chatarrería de las afueras de la ciudad.
Una profanación sin precedentes
Los agentes describen un escenario dantesco.
Los ladrones reventaban los frontales de los nichos con herramientas de obra, extraían los ataúdes y los abrían para retirar los tiradores, bisagras y ornamentos metálicos.
En algunos casos, incluso rompieron los féretros o los dejaron a la vista, provocando una escena que los propios investigadores califican como “traumática”.
El Ayuntamiento de Zaragoza ha cifrado los daños materiales en más de 400.000 euros, mientras que la Policía busca determinar cuántas personas participaron en el saqueo, que se habría realizado durante varias noches entre septiembre y octubre.
Una chatarra manchada de horror
Según la investigación, los profanadores vendieron las piezas sustraídas por peso, sin levantar sospechas, en una chatarrería donde obtuvieron unos 3.000 euros en total.
Los responsables del establecimiento, que aseguraron desconocer el origen del material, también están siendo investigados por receptación.
“El móvil económico es tan bajo que cuesta entender la brutalidad del ataque”, explican fuentes policiales.
“No hablamos de profanadores rituales ni de vandalismo juvenil: fue un robo planificado, aunque cutre, con el único fin de sacar dinero rápido”.
Indignación y dolor entre las familias
Las familias afectadas han mostrado su indignación ante la falta de seguridad en el cementerio.
Muchas de ellas acudieron horrorizadas al conocer la noticia: las lápidas rotas, los restos expuestos y el silencio sepulcral dejaron una imagen que tardará en olvidarse.
El Arzobispado de Zaragoza ha pedido respeto y reparación para los fallecidos y sus allegados, mientras que el Ayuntamiento se plantea reforzar la vigilancia nocturna y instalar cámaras de seguridad en el recinto.
Más de 500 tumbas destrozadas, toneladas de dolor y un botín miserable de 3.000 euros. Una profanación que indigna a toda España.
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