Evolución del mítico Toyota Supra

Todas las marcas dedicadas a la fabricación de vehículos cuentan con un modelo que podría considerarse como el sello de identidad de la empresa. Es el caso del Toyota GR Supra, un coche absolutamente icónico que acompaña a la marca japonesa desde 1978.

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Casi 50 años se cumplen desde la aparición en el mercado de la primera versión de este deportivo de tres puertas que ha conseguido calar en el imaginario popular de cualquier persona aficionada al mundo del motor. Diferentes versiones de este vehículo estuvieron presentes en el mercado desde 1978 hasta 2002, cuando la marca dejó de fabricarlo.

Pero ese no fue el final del Supra, pues la demanda de este modelo a nivel global logró que la empresa lanzara una nueva versión en 2019, con la 5 generación del modelo, así como posteriores actualizaciones hasta el momento presente.

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El Supra, un deportivo con historia

El primer modelo de este mítico coche fue el Toyota Celica Supra A40. Hablamos de un deportivo de tres puertas para el que la compañía nipona se basó en el ya conocido modelo Z de Nissan.

Con la intención de competir en un mercado que cada vez demandaba más coches de tipo póster cars, los japoneses montaron una carrocería elegante, lujosa y de líneas contemporáneas en la base mecánica del Celica. Así nació el Supra, que estaba destinado a convertirse en una de las señas de identidad de Toyota.

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En los primeros años de vida del vehículo, el Supra estaba considerado como un turismo de altas prestaciones con la estética de un deportivo. Contaba con un bloque de seis cilindros con hasta 125 caballos, que llegaron a ser 175 en Japón. Elevalunas eléctricos, control de velocidad de crucero o techo solar fueron algunos de los atractivos del equipamiento del vehículo, que se mantuvo con estas líneas mecánicas y estéticas hasta 1981.

Supra A60: un paso evolutivo

Tendríamos que esperar hasta 1981 para encontrar la segunda generación del Toyota Supra. El A60 adopta una entidad propia y se diferencia aún más del Celica, que se sigue teniendo en cuenta como base.

Mayor distancia entre los ejes, motores de seis cilindros, hasta 181 caballos de vapor y la novedad de la suspensión trasera independiente hicieron de este coche uno de los más apreciados por los amantes del motor en la década de los 80.

A70: el Supra que lo cambió todo

En 1987, Supra y Celica se separan definitivamente. Para esta nueva generación de su deportivo insignia, Toyota crea un nuevo diseño, más largo y bajo, cercano a los gustos estéticos del momento, con líneas rectas y un carácter más agresivo. Desde el punto de vista mecánico, el nuevo Supra alcanzaba los 230 caballos y contaba con posibilidad de adquirir la versión descapotable y otras características que impulsaron su distribución y venta.

Supra A80: un coche icónico

En el año 1993 apareció el Supra A80, considerado por los apasionados de las cuatro ruedas como el gran modelo de Toyota. En este caso el cambio fue tanto interno como externo.

Por un lado, el vehículo japonés abandonaba la estética lineal y agresiva para ofrecer una carrocería con más ondulaciones. Por otro lado, el corazón del deportivo era absolutamente insuperable: 330 CV, seis velocidades, aceleración de 0 a 100 en menos de 5 segundos… Un auténtico bombón para quienes aman hacer kilómetros.

El Toyota Supra A90: una nueva era

El Supra A90 fue el modelo que llegó al mercado en 2019 para revitalizar el icono de la marca. Desarrollado por Toyota y BMW, mantiene todo el espíritu de la marca, con un motor de seis cilindros y las líneas estéticas cupé, que se traducen en una carrocería redondeada y fluida.

El Toyota GR Supra es un modelo elegante, con muy poca altura y de dimensiones más compactas, que ha llegado al mercado con tres motores turbo y hasta 340 caballos en su versión más potente.

La prevalencia del modelo en el mercado durante cinco décadas demuestra que hay modelos de coche destinados a permanecer en el tiempo. Con el Supra, Toyota marcó un antes y un después en el sector del automovilismo; un coche de ensueño para los conductores que desean ponerse a los mandos de una auténtica obra de arte.