Tarragona vive la primera 'procesión por los presos políticos y exiliados' de Semana Santa

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La independencia de Cataluña hace mucho tiempo que no atiende a razones: ni políticas, ni sociales, ni económicas. Los anhelos de canalización del separatismo se han convertido en un simple dogma de Fe.

Si en la recordada jornada del referéndum del 1 de octubre vimos imágenes tan histriónicas como el recuento de votos en el altar de una Iglesia, o se produjeron hechos inexplicables para la ciencia como la rotura múltiple de dedos y su milagrosa curación posterior, esta Semana Santa la caza y captura de Carles Puigdemont en Alemania el Domingo de Ramos ha destapado la caja de pandora. El nacionalismo catalán empiaza a sobrevolar en el plano más próximo a la metafísica existencial.

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Haciendo un paralelismo de lo más bíblico, la primera en lanzar la primera piedra fue la monja argentina Lucía Caram, nueva adalid y abanderada del independentismo, que comparó al expresident de la Generalitat, prófugo de la Justicia española, nada menos... que con Jesucristo. Ahí queda eso.

Y es que la secularicación de la religión en Cataluña de la que ya alertó el Papa Benedicto XVI en su último viaje a España, haciendo un polémico y acertado paralelismo con los años de la II República, parece que ha vivido un punto de inflexión gracias al procés. 

Procesión por los 'presos políticos' en Tarragona

Estos días, Tarragona, una de las ciudades que vive con más y mayor devoción las fechas de fervor religioso de toda Cataluña, será testigo de excepción, en primera persona, de la única procesión por los 'presos políticos y exiliados catalanes' de la historia. Tal cual.

El Viernes Santo, la procesión del Santo Sepulcro, que tendrá lugar por las calles de la Imperial Tarraco, y de la que se tiene constancia desde el año 1550, vivirá una situación inaudita. Se ha convocado la primera manifestación religiosa de la historia por la liberación de los líderes independentistas y el segundo advenimiento a Cataluña del todopoderoso 'president' Puigdemont, hoy a miles de kilómetros, preso en una cárcel alemana.

Los CDR, autobautizados Comités de Defensa de la República, a imagen y semejanza de los cubanos, y amparados bajo el ala antisistema de la CUP, realizarán su procesión particular, una curiosa performance que reocrrerá las calles y arterias principales de la ciudad.

"En esta ocasión, haremos la procesión de los presos políticos y exiliados. Una procesión alternativa donde contamos con tu participación. Exprésate. Trae pancartas, fotos, vístete como quieras, cubierto o descubiero, con peineta y mantilla, con un toque amarillo y con velas", explican desde el CDR en su cartel de convocatoria oficial.

Una marcha con Puigdemont bajo palio que quiere llenar de amarillo las calles de la Imperial Tarraco.

La cita está marcada en amarillo fosforito para este viernes 30 de marzo, a las ocho de la tarde, frente al edificio de la antigua prisión de la ciudad. Lo más curioso de todo, además, es que los antisistema de extrema izquierda, son radicalmente ateos. Pero no hay fe más fuerte que el camino hacia el paraíso de la independencia.

De meterse en jaulas gigantes por turnos a los lacitos amarillos en la mesa de Navidad. Y ahora la nueva procesión religiosa por los presos políticos y exiliados. Los caminos del procés son inescrutables.