El convenio regulador: clave para la convivencia tras el matrimonio
Una de las preocupaciones principales de las personas que deciden divorciarse es cómo gestionar la relación con su expareja tras la separación. En casos en los que no se comparte nada es fácil, pero cuando existen hijos comunes, propiedades o empresas, el escenario se hace más complejo.
Afortunadamente, la legislación española cuenta con herramientas para facilitar a los ciudadanos que se encuentran en estas circunstancias una transición tranquila y justa para todas las partes: el convenio regulador.
Este documento se utiliza en los divorcios por mutuo acuerdo y se convierte en la piedra angular a la hora de resolver cualquier conflicto que surja entre la pareja tanto en el momento de poner fin a la relación como en cualquier momento futuro.
Qué es el convenio regulador
El convenio regulador es un acuerdo legal que se establece entre una pareja para acordar las bases del final de su matrimonio, el reparto de bienes y cosas más complejas como la custodia de los hijos.
Las características específicas de esta herramienta se fijan en el artículo 90 del Código Civil y, como principal condición hace necesario que el divorcio sea de mutuo acuerdo. En esos casos, los esposos trabajan junto con sus asesores legales para poner por escrito todos sus acuerdos.
Ambos conformes lo firman y lo entregan al juzgado, que cursará el divorcio y hará que el acuerdo entre en vigor. Los puntos especificados en el documento serán válidos hasta que la vinculación que rige desaparezca.
Qué se incluye en el convenio regulador
Son muchos los puntos que se pueden establecer en el convenio. Los principales, con los que habitualmente trabajan los abogados especializados en derecho de familia, son los siguientes:
Cuidado de los hijos de los hijos
El punto más complejo, detallado y conflictivo es el relativo al cuidado de los hijos menores de edad. Se establece la patria potestad, el régimen de visitas y la atribución del uso de la vivienda familiar.
Ambos progenitores deberán acordar quién se va a quedar con los hijos o cómo va a ser el reparto de días con cada padre.
Además, se puede fijar una residencia para que los niños no tengan que estar moviéndose o incluso pactar cómo va a ser el reparto anual de vacaciones.
Por supuesto, en caso de que sea necesario, también se establecen las compensaciones económicas necesarias para que los hijos vivan con un nivel similar con ambos progenitores.
Animales de compañía
Los animales de compañía también deben ser objeto de estudio en el convenio regulador. De manera similar a lo que ocurre con los niños, se detallaba quién se convierte en su responsable, así como si debe haber un reparto del tiempo de la convivencia con ellas.
Bienes y deberes
Ahorros bancarios, propiedades en común, pero también deudas y responsabilidades deben dividirse, de la manera acordada, en el convenio regulador.
En este punto son especialmente relevantes las empresas: un negocio en común debe ser dividido de manera adecuada conforme a la ley. Si la expareja decide mantener esa actividad en común, el reparto de peso en la toma de decisiones, responsabilidades, etc. también debe especificarse debidamente.
Estas son tan solo algunas de las cuestiones que se deben estudiar a la hora de elaborar un convenio regulador. La ayuda de un abogado especializado es indispensable para que ninguna parte tenga que ceder sobre la otra y que el reparto y los acuerdos sean justos.












