Ada Colau deja el look okupa: 'postureo' en la portada de 'Vanity Fair'

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Ada Colau ya ha debutado en el Vanity Fair. Un trabajo a medida, un éxito de producción, iluminación, maquillaje, estilismo, peluquería y el tratamiento digital que acompaña esa clase de reportajes. Colau, esplendorosa, posa sonriente para la revista en los espacios más emblemáticos del Ayuntamiento catalán como si fuera una diva del pop.

La imagen de la alcaldesa ha experimentado un cambio radical. Ha pasado del estilo sor Forcades a un look mucho más esclarecido, con alarde de pintalabios, rímel y reflejos en el cabello hasta el punto de que parece otra, muy alejada de su aspecto como Supervivienda, cuando reventaba los mítines de Iniciativa per Catalunya (IC), ahora disuelta en la Barcelona En Comú-En Comú Podem que ella misma domina.

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Del activismo contra los desahucios al papel couché, el ascenso de Ada Colau ha sido meteórico y culmina, de momento, con su irrupción en la prensa de celebrities, moda, realeza y tendencias. Un jersey capa blanco, pantalones y botas negras son el conjunto que realza el rostro de Colau. Brazos abiertos y palmas arriba, muestra sus poderes en el Salón de Ciento del Consistorio, el espacio donde se celebran las sesiones solemnes, las entregas de premios y las bodas por lo municipal.

En la entrevista, Colau afirma que "nuestras prioridades son la emergencia social, la corrupción y dar una lectura a la cuestión territorial, en concreto a la articulación de Cataluña con el resto del Estado, que ahora mismo está bloqueada por la actitud del PP. Hemos estado de acuerdo en dar un paso más de respuesta a la realidad del Estado plurinacional, pero nadie ha puesto ninguna condición a nadie".

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Colau iniste en que ella no es "nacionalista ni independentista" pero apuesta por "un referéndum, para que la gente elija democrática y libremente". Porque "con el 48% de los votos (los apoyos que los partidos independentistas lograron en los comicios de septiembre) no se puede emprender un camino unilateral, aunque sea legítimo defender la independencia". Sobre el bloqueo en la política de pactos defiende que "si no se consigue un acuerdo no pasa nada por volver a convocar elecciones generales".

La entrevista es profesional, pero también estos asuntos tocan a lo personal y Colau habla de su marido, Adrià Alemany, contratado por Barcelona en Comú: "Yo no le enchufé en ningún lugar. Él está allí por méritos propios y nunca ha trabajado para el Ayuntamiento ni cobrado dinero público. Y, en cualquier caso, hemos publicado todo: qué cargos tenemos, qué cobramos... Todo está en la web".

También lamenta que su trabajo no le permita conciliar como le gustaría: "Tengo un niño de cuatro años, pero mis compañeros están sufriendo igual que yo porque la política institucional no está pensada para conciliar. Mi mayor fracaso actual es que no concilio como debería y querría. Este es un reto también para los hombres".